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La colonia de japoneses en Manila, en el marco de las relaciones de Filipinas y Japón en los siglos XVI y XVII

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(1)

LA COLONIA DE JAPONESES EN MANILA EN EL MARCO DE

LAS RELACIONES DE FILIPINAS Y JAPÓN EN LOS SIGLOS XVI Y XVII

José Eugenio BORAO

Las relaciones entre la colonia española de Filipinas y el Japón de los periodos

Momoyama y Edo conocieron episodios que generaron gran interés historiográfico, como

las persecuciones a cristianos, los incidentes de los galeones “San Felipe” y “San

Francisco”, el impacto del comercio, etc. En otras palabras, se trataba de ver la

recepción de la cultura española en un Japón en proceso de unificación que se abría al

mundo, pero que acto seguido decidía cerrarse a él. También aparecieron estudios sobre

la presencia de japoneses en territorio hispano, como el de Seiichi Iwao para las

Filipinas, o el relato histórico novelado de Shusaku Endo sobre la embajada de Date

Masamune y Luis Sotelo, así como otros estudios acerca de las consecuencias de dicho

viaje. El presente trabajo tiene dos objetivos, el primero es el de definir un marco

general en el que encuadrar las relaciones históricas entre ambos archipiélagos y, en

segundo lugar –y siguiendo la línea que marcó Iwao

1

–, estudiar y sistematizar la

presencia japonesa en Filipinas.

1. Primeros asentamientos japoneses en Filipinas (1570-1583)

1.1. Los “wokou” (piratas-mercaderes japoneses)

Los primeros asentamientos japoneses en Filipinas hay que situarlos en relación

con la actividad de los “wokou” (wakô) o piratas japoneses, que fueron muy activos en

las costas de China desde el inicio de la dinastía Ming. Su actividad se intensificó de

nuevo en el siglo XVI, alcanzando también las Islas Filipinas, aunque para entonces

bajo el nombre de “wokou” se tendrían que incluir también piratas chinos. Una de las

razones por las que los portugueses fueron aceptados en Macao fue precisamente la de

que podrían servir como ayuda para controlar dicha actividad pirática. Igual podemos

decir de Filipinas, en donde el pirata chino Limahong fue perseguido por los españoles

ganándose así éstos la confianza de las autoridades costeras chinas.

1.2. “Wokous” en Cagayan (1576-1582)

La actividad de los “wokou” trataba de teñirse de honorabilidad en los puertos de

destino, como debió ocurrir en los puertos japoneses de Luzón. La primera noticia que de

éstos tenemos es de 1573 cuando Diego de Artieda envió un informe al rey en donde

señalaba relaciones comerciales regulares entre Japón y Luzón. Dos años más tarde, en

1575, Juan Pacheco de Maldonado era más explícito al señalar que los japoneses

llegaban cada año a Luzón para intercambiar plata por oro, siendo tres sus principales

destinos Cagayan, Lingayen (en Pangasinan) y Manila. Las noticias que llegaron poco

después, en 1580 y 1581, señalaban que los japoneses estaban haciendo algún daño a los

nativos, y ya, en

1582, se habla claramente del pirata Tayfuzu (Tay Fusa) que se

aprestaba para ir a Cagayan con 10 navíos. El gobernador Gonzalo Ronquillo de

Peñalosa envió a Juan Pablo Carrión a Cagayan para tomar control del norte de Luzón

1 Seiichi Iwao,

Early Japanese Settlers in the Philippines

, Tokyo, 1943 (Reprint in

(2)

y esperarlos, para lo cual tuvo que luchar primero contra algunos barcos chinos y luego

contra uno japonés, que, con la intención de obtener oro, había establecido una base a la

entrada del río Cagayan, con una pequeña fortificación.

Carrión se adentró por el río

Cagayan y fue asaltado por 18 sampanes de japoneses. Se defendió y dio muerte al

general de la armada, a un hijo suyo y a 200 japoneses

2

. Carrión asentó allí cerca sus

reales, y pidió a los japoneses que dejaran el lugar, éstos aceptaron a condición de que

fueran compensados con gran cantidad de oro. Carrión no sólo dio una respuesta

negativa, sino que los japoneses pensaron que Carrión iba a actuar para confiscar el que

ya tenían. Los más de 600 japoneses allí presentes iniciaron una rebelión en la que

fueron derrotados, acabando así los años del puerto japonés de Cagayan. El Gobernador

de Filipinas, Gonzalo Ronquillo, al informar de este suceso al Rey definía a los japoneses

del siguiente modo:

“Los japones es la gente más belicosa que hay por acá. Traen artillería y mucha

arcabucería y piquería. Usan armas defensivas para el cuerpo. Lo cual todo lo

tienen por industria de portugueses, que se lo han mostrado para daño de sus

ánimas...”

3

.

La actividad japonesa en esta área del norte de Luzón prácticamente desapareció,

con las excepciones naturales, como cuando en 1586 llegó un barco mercante de Omura,

que pertenecía al señor feudal de Kyushu, pero no se prolongaron más allá de 1600. Por

el contrario, los japoneses de Cagayan trasladaron sus actividades a otro puerto en que

también tenían actividad, situado en la bahía de Lingayen

4

.

1.3. Puerto japonés en Lingayen (1582)

Este puerto ya veía teniendo relaciones comerciales con China, al menos desde

1406, en que el líder nativo de Píng-chia-shih-lan (Pangasinan) pagaba impuestos a la

dinastía Ming. Un informe de Miguel de Loarca sobre las condiciones de la colonia,

describía la bahía de Pangasinan como un lugar en el que vivían 4.000 nativos con un

grado de civilización superior gracias al regular contacto con chinos, con comerciantes

de Borneo y con japoneses. Así pues, este puerto creció a partir de 1582, hasta el punto

de que Loarca señalaba que uno de los puertos de la bahía era el llamado ´puerto de los

japoneses´. La actividad no debió cesar ya que en un informe de 1618 escrito por el

gobernador se señala que la provincia de Pangasinan era rica en ciervos, hasta el punto

de que cada año se exportaban de sus puertos para Japón entre 60.000 y 80.000 cueros.

Entre los puertos se señalan el de Agoo, o puerto japonés, así como el de Bolinao a la

entrada de la bahía. De lo dicho, se puede deducir que se venían ignorando un informe

de Antonio de Morga, del 8 de junio de 1598, urgiendo a que se prohibiera la venta de

piel de ciervo, para prevenir el exterminio de los venados.

2 Carta de Juan Bautista Román al Virrey de México, en Cavite, a 25 de junio de 1582 (AGI,

Filipinas 29, ramo 3, número 62; también en Emma Helen Blair; James Alexander

Robertson (B & R).

The Philippine Islands

, 1493-1898, Cleveland, 1905, v. 5, pp. 192-195).

3 Carta de Gonzalo Ronquillo al rey, del 16 de junio de 1582 (B & R, v. 5, p. 27).

4 En cualquier caso la actividad de los piratas japoneses no desapareció de inmediato. En el

memorial de la Junta de Manila de 1586 proponiendo remedios al Consejo de Indias para las Islas, se señalaba la necesidad de fortificar las costas pare garantizar el comercio con China amenazado por piratas japoneses (B & R, v. 6, p. 188).

(3)

Aunque estos dos puertos fueron poco a poco diluyéndose en el interés de los

japoneses en beneficio del de Manila, poco antes del

sakoku

(1633-1639), o leyes que

propiciaron el aislacionismo exterior japonés, todavía eran citados en el libro

Nippon

Ikoku Tsuho-sho

(Comercio de Japón con Países Extranjeros) como Hakashina

(Pangasinan), Kakayan (Cagayan) y Manyeiraku (Manila)

5

.

1.4. Los primeros japoneses de Manila

Al poco de llegar Legazpi a Cebú ya pudo informar al Rey de la presencia de chinos

y japoneses en el archipiélago, y cuando Martín de Goiti llegó a Manila informó en junio

de 1570 de la presencia de veinte japoneses y cuarenta chinos. En su descripción

explicaba cómo, entre algunos de los que se acercaron al barco español, había un japonés

que se cubría la cabeza con un gorro teatino, dijo ser cristiano y llamarse Pablo. Luego

exhibió un icono en su pecho y pidió un rosario

6

. Lo lógico es que hubiera sido convertido

en Japón, lo cual en este momento representaba un cierto grado de coincidencia, ya que

la evangelización de Japón había empezado hacía solo veinte años. Nuevas referencias a

Japón y a los japoneses se diseminan en las fuentes españolas como el informe de Diego

de Artieda de 1573, basado en la información de los “moros” que tenían comercio con los

japoneses

7

.

2. Época de Hideyoshi, fundación de Dilao y primera expulsión (1584-1597)

2.1. Inicio de relaciones 1584-1589

Una segunda etapa en las relaciones con Japón se inició en junio de 1584 cuando

llegó a Japón el primer barco español, que entró en el puerto de Hirado, siendo recibido

por el señor feudal de la ciudad, Matsuura, quien ofreció al capitán de dicho barco la

posibilidad de la apertura oficial de comercio con Filipinas. Al año siguiente Matsuura

envió un barco a Manila, y a partir de entonces, varios barcos japoneses llegaron

anualmente a la capital de la colonia española empezando así un pequeño asentamiento

de japoneses en Manila.

2.1.1. Los primeros japoneses residentes estables en Manila (1585)

Con ocasión de la llegada de los barcos de Matsuura de Hirado (1585) y de

Ohmura de Nagasaki (1586), los japoneses que aún permanecían en Cagayan así como

muchos de Lingayen, se desplazaron a Manila. Las primeras relaciones entre españoles

y japoneses de Manila estuvieron marcadas por el recelo. Por un lugar estaban las

sospechas sobre los verdaderos motivos de la llegada de barcos japoneses, ya que ello no

casaba demasiado con la promulgación del decreto de expulsión de misioneros cristianos

en 1587, es decir, de los jesuitas portugueses venidos de Macao. Ciertamente, el decreto

no tuvo grandes consecuencias, ya que los misioneros disminuyeron sus apariciones

públicas, e Hideyoshi se dio por satisfecho. Pero, las sospechas en Manila se agravaron

con los dos barcos que llegaron en 1587. En el primero de ellos, perteneciente al japonés

Joan Gayo, la tripulación resultó sospechosa de complicidad en una insurrección de

nativos, liderada por Agustín Legazpi. Algunos fueron arrestados y, en particular, el

intérprete japonés Dionisio Fernández fue ajusticiado el 13 de junio del año siguiente

5 Iwao,

Early Japanese Settlers

..., p. 6. 6 B & R, v. 3, pp. 101-102.

(4)

(1588)

8

. El segundo barco, de Matsuura de Hirado, llegó el 15 de julio con armas y

provisiones. Aunque el capitán del barco llevaba un mensaje de buena voluntad de su

señor Matsuura y de su hermano, cuyo nombre cristiano era Gaspar, esta vez los

españoles tomaron precauciones y los 40 marineros de la tripulación fueron atendidos

por la iglesia de Manila y tras acabar sus negocios se marcharon.

2.1.2. Expedición japonesa de exploración y fundación de Dilao

En 1589, fueron 30 ó 40 japoneses los que llegaron a Manila. Iban con vestimenta

de peregrinos, para visitar las iglesias del país. Llevaban rosarios en el cuello y se

movían con gran penitencia. Anduvieron 15 leguas alrededor de Manila y sus esteros,

reconociéndolo todo. No se les molestó y se acabaron marchando. El gobernador fue de

los que creyó

a posteriori

que habían venido en misión de espionaje, y con los datos que

hubieran obtenido, tras contrastarlos con los de otros de los comerciantes, “se [habría]

conocido en Japón la riqueza y la flaqueza de los naturales y la gente española que

había para defender las Islas”

9

. Era el inicio del expansionismo de Hideyoshi

10

, y los

españoles pensaron que también podrían ser objeto de un ataque japonés, y, en

previsión de ello, Gómez Pérez Dasmariñas dio instrucciones, a principios de 1592, para

preparar la defensa. Una de las medidas adoptadas fue congregar a todos los japoneses

residentes de Manila en un barrio extramuros, el de Dilao, confiscarles sus armas y

limitar su libre movilidad por la ciudad. La medida no parecía vana, a juzgar por las

embajadas de Japón que llegaron a continuación a Manila.

2.2. Las primeras embajadas (1592-1594)

2.2.1. Primera comunicación (1952)

11

<Mayo de 1592: Primera embajada japonesa a Manila: Hideyoshi envía a Gaspar

Harada ante el gobernador Gómez Dasmariñas>

Hideyoshi, justo antes de su primera

invasión de Corea, había firmado una carta el 4 de noviembre de 1591, en la que se

reconocía superior a los españoles, y en la que exigía que se le enviaran parias. El

encargado de llevar la carta fue Harada Kiyémon (también conocido como Faranda)

12

.

8 B & R, v. 7, pp. 99-110.

9 Información retrospectiva tomada de la carta de Gómez Pérez Dasmariñas al rey, del 31 de

mayo de 1592.

10 Desde 1586, el soberano japonés Hideyoshi buscaba un pretexto para iniciar una

aventura agresiva contra China. En 1591 recibió una embajada coreana, y aprovechó la ocasión para pedir permiso para atravesar tierra coreana en su camino a China, lo cual le fue denegado, en base a la tradicional amistad entre China y Corea. Es por ese motivo, y por la imposibilidad de atacar China por mar, que empezó por la conquista de Corea, teniendo lugar el 14 de abril de 1592. El moderno ejército japonés pronto llegó hasta Pyongyang. Pero, tras la llegada de ayuda china, y la supremacía naval coreana, que interrumpió el aprovisionamiento de las tropas, los japoneses detuvieron su avance. Y desde enero de 1593 el ejército chino-coreano recuperaba el territorio, excepto la zona costera del sur. Las negociaciones de paz que siguieron fueron en realidad un alto el fuego que duró cuatro años, en donde las tropas coreanas y chinas se retiraron de suelo coreano parcialmente (fue en estos años en que llegó a Corea el jesuita español Gregorio de Céspedes, para atender a los japoneses cristianos).

11 B & R, v. 8, pp. 260-267; también en Marcelo de Ribadeneira,

Historia del Archipiélago y

otros reynos

, Historical Conservation Society, XVII, Manila, 1970, p. 328-331.

(5)

Éste intentó conseguir a través de Valignano unas cartas de recomendación para el

Gobernador de Filipinas y para los padres de la Compañía de Manila, pero cortésmente

le fueron denegadas. Temeroso de que fracasara su embajada fingió enfermar, con lo

que envió en su lugar a su sobrino y vasallo Gaspar Harada, quien llegó a Manila el 29

de mayo de 1592, portando cuatro cartas

13

. La de Hideyoshi contenía una amenaza, o, al

menos, así fue entendida por los españoles, cuando leyeron que “si no viniere una

embajada de estas islas [con el correspondiente tributo de sometimiento] enviaré mi

ejército a sujetarlas … de suerte que se arrepienta esta tierra de no habérmela enviado”

(Ribadeneira, p. 329). No obstante, Gómez Dasmariñas decidió devolver la embajada

para explorar si las amenazas iban en serio.

<Junio de 1592: Primera embajada

española a Japón: Dasmariñas

envía a Fr.

Juan Cobo para responder a Hideyoshi>

Gómez Pérez Dasmariñas utilizó en su carta de

respuesta la estrategia de no darse por aludido, y para ganar tiempo, pidió a

Hideyoshi

14

que a través de los padres jesuitas reescribiera la carta en portugués, para

poder dar cumplida cuenta de su contenido al rey de España. El embajador seleccionado

fue el dominico Juan Cobo, acompañado del capitán Lope de Llano, del chino ladino

cristiano Antonio López, que era gobernador de los sangleyes, y de Juan Sami, maestro

de lenguas chinas. Este séquito viajó junto al de Gaspar Harada. La comitiva llegó a

Nagoya siendo bien recibida inicialmente por Harada Kiyémon, quien los llevó a

presencia de Hideyoshi. A la reunión se unió el capitán Juan Solís, que estaba en Japón

desde hacía dos años, y Luis, su criado, que actuó de naguatato de Juan Cobo con

Hideyoshi. Lograron entenderse y éste aceptó el contenido de la carta, lamentando que

no hubiera ido Harada Kiyémon como había previsto

15

. Ahora sí que tendría que ir a

llevarla personalmente.

2.2.2. Segunda comunicación (1592-1593)

16

<Noviembre de 1592: Hideyoshi envía a Harada Kiyémon ante Gómez Pérez

Dasmariñas>

Cuando empezaron a soplar los vientos del norte se decidió ejecutar la

embajada. Ahora era Harada Kiyémon en persona y su séquito quienes irían

acompañados por el de Juan Cobo, pero petición de éste decidieron ir en dos barcos

diferentes, yendo el sangley Antonio López con Harada. La mala suerte hizo que el

barco de Cobo naufragara en el norte de Taiwán y perecieran él, el capitán Llanos y

Juan Sami, que fueron asesinados por los nativos, noticia que no se verificó en Manila

hasta 1595. Harada sí llegó, pero al no hacerlo Cobo, y desconocer por boca de él el

Harada Kiyemon, ya que había sido bautizado, aunque el P. Ribadeneira le considerase sólo cristiano nominal.

13 Una era de Hideyoshi (4 de noviembre de 1591), otra del Camarero de Rey (27 octubre de

1591), otra del Capitán General del Rey (octubre - noviembre de 1591) y la última del Rey de Hirado (primavera de 1592).

14 En las fuentes españolas es citado tanto Cuambaco, Kuampaku o Kwanpakundono, como

Tayco, Taico o Taicosama; y finalmente como Quan-Bacuondo Taycozama. Taiko significa regente.

15 No obstante, el P. Concepción considera que la entrevista no fue tan cordial y que

Hideyoshi insistió en sus amenazas, pero la interesada traducción que hiciera Harada

Kiyémon les habría dado esa falsa impresión de avenencia. Véase Fidel Villarroel,

Shih Lu o

Apología de la verdadera religión

, UST Press, Manila, 1986, p. 35.

(6)

resultado de la embajada, Dasmariñas decidió repetir la embajada anterior para ganar

aún más tiempo.

<Octubre de 1593: Gómez Pérez Dasmariñas envía a Pedro Bautista ante

Hideyoshi>

Gómez Pérez Dasmariñas eligió ahora como embajador al franciscano Pedro

Bautista. La embajada salió de Manila el 26 de mayo de 1593

17

, teniéndose el primer

encuentro con Hideyoshi en el mes de octubre, en Nagoya, cerca de Hirado. La inicial

actitud amenazante del shogun pidiendo el vasallaje de Manila fue apaciguándose, e

incluso ofrecía a los franciscanos un lugar de residencia en Meaco (Kyoto), lo cual podía

interpretarse tanto como un cambio de actitud hacia los misioneros como una estrategia

política, a la espera de tomar decisiones. Por su parte, Pedro Bautista consideró que

había conseguido un triunfo cuando en enero de 1595 Hideyoshi le ofreció la firma de un

pacto de amistad entre las dos naciones, a la vez que le invitaba a visitar el corazón de

Japón, Kyoto y ciudades próximas. Sus informes a Manila reflejaban optimismo pues en

dicho pacto el shogun renunciaba a actuaciones ofensivas e incluso se ofrecía como

protector de los franciscanos

18

.

2.2.3. Tercera comunicación (1594)

19

<Primavera de 1594: Soh-jin Hoh-ghén Haséwaka envía un mensaje a Gómez

Pérez Dasmariñas>

Soh-jin Hoh-ghén Haséwaka, señalaba que en atención al continuo

comercio habido entre los dos países no se enviaría ninguna expedición militar a las

Filipinas, por el contrario, se mantendría el comercio; y, en efecto, en 1594 tres barcos

de Satsuma (Kyushu) llegaron a Luzón

20

.

<Verano de 1594: Luis Pérez Dasmariñas envía al franciscano Jerónimo de Jesús

ante Hideyoshi>

Jerónimo de Jesús viajó a Japón en el verano de 1594 con una carta

para Hideyoshi del nuevo gobernador en funciones de Filipinas, Luis Pérez Dasmariñas.

Jerónimo de Jesús, una vez establecido en Japón, escribía desde Nagasaki, a principios

de 1595, al también franciscano Francisco de las Misas, a quien decía que en Saxuma

había nuevamente gran interés por ir a la conquista de Manila

21

.

2.3. La colonia japonesa de Dilao e incidente del “San Felipe” (1597)

Lo más llamativo es que durante este periodo de negociaciones la población

japonesa de Manila se multiplicó exponencialmente. Como dijimos, el crecimiento había

empezado lentamente en 1585 cuando algunos de los japoneses de Cagayan se

desplazaron a Manila. En un documento del 1 de junio de 1593, se señala que la colonia

de japoneses era ya de 300 personas (a las que había que añadir 50 más con la misión

enviada por Hideyoshi). Dos años después, en 1595, según otra carta de Francisco de

Misas al rey, la colonia japonesa de Manila llegaba a 1.000 personas, su momento de

máximo esplendor hasta entonces. Una descripción de las condiciones del viaje y del

comercio la ofrecía Antonio de Morga en sus

Sucesos de las Islas Filipinas

:

17 Con Pedro Bautista iban otros tres franciscanos Bartolomé Ruiz, Francisco de la Parrilla

y Gonzalo García, que conocía la lengua japonesa, así como otros españoles. Salieron en dos barcos diferentes, que se dispersaron llegando, después de más de un mes de navegación, el uno a Hirado y el otro a Amakusa.

18 AGI, Filipinas 29, ramo 4, número 92.

19 B & R, v. 9, pp. 122-136.

20 Iwao,

Early Japanese Settlers

..., p. 10.

(7)

“De Japon vienen asimismo cada año del puerto de Nangasaqui, con los nortes

del fin de octubre, y por el mes de Marzo, algunos navíos de mercaderes Japones

y Portugueses, que entran y surgen en Manila, por la misma orden; la gruesa

que traen es harina de trigo, muy buena para el abasto de Manila, cecinas

estimadas, algunas sedas tejidas de matices, curiosas, biobos al olio, y dorados,

finos y bien guarnecidos, todo genero de cuchillería, muchos cuerpos de armas,

lanzas, catanas y otras visarmas, curiosamente labradas, escritorillos, cajas, y

cajuelas de maderas, con barnices y labores curiosas, y otras brujerías de buena

vista, peras frescas muy buenas, barriles y balsas de buen atun salpesado,

jaulas de calandrias muy buenas, que llaman fímbaros, y otras menudencias.

En esto se hacen también algunos empleos, sin que se cobren derechos reales

destos navíos, y lo mas se gasta en la tierra, y dello sirve para cargazones á la

Nueva España; el precio es lo mas en reales, aunque no los cudician como los

Chinas, por tener plata en Japon, y de ordinario se trae por mercadería

cantidad Della en planchas, que la dan á precios acomodados. Vuelven a Japon

estos navíos en tiempo de vendavales, por los meses de Junio y Julio; llevan de

Manila sus empleos, hechos en seda cruda de la China, en oro y en cueros de

venado, y en palo brasil para sus tintas; y llevan miel, cera labrada, vino de

palmas y de Castilla, gatos de algalia, tibores para guardar su Cha, vidrios,

paño y otras curiosidades de España.”

22

Pero en este momento se produce un vuelco en las relaciones hispano-japonesas,

pues durante los años 1595 y 1596 los japoneses suspendieron sus viajes, y además en

este último año tuvo lugar el incidente del “San Felipe”

23

. Como es conocido en 1596 el

galeón “San Felipe” cuando volvía a Acapulco naufragó en Japón, y lo que al principio

pudo haber sido sólo un desafortunado episodio, se convirtió en un auténtico incidente,

motivado aparentemente por las declaraciones inoportunas de uno de los marineros a

bordo (acerca de una supuesta táctica conquistadora que iría precedida de la labor de los

misioneros), así como por la avaricia del shogun. La carga fue confiscada, las misiones

se pusieron bajo sospecha y se produjo la primera gran persecución de cristianos en

Japón en 1597. El impacto en Manila de estos martirios fue grande. Desde el punto de

vista religioso se creó una fuerte polémica. Los jesuitas hablaban de conducta

imprudente de los franciscanos, y éstos, enojados, celebraron en Manila los martirios

como algo ejemplar. Algunos jesuitas se opusieron a dichas celebraciones señalando que

se había entrado en contra del

motu propio

de Gregorio XIII, y por tanto sostenían que,

en realidad, los llamados mártires estarían excomulgados. Desde un punto de vista

político, un nuevo temor de invasión japonesa recorrió la colonia, dado que Hideyoshi

había retomado con gran ímpetu su actitud belicosa hacia Corea

24

, y tarde o temprano

22 Antonio de Morga,

Sucesos de las Islas Filipinas

, Mexico, 1609 (reimp. Manila, 1961), pp.

354-355.

23 Véase Juan Pobre de Zamora,

Historia de la pérdida y descubrimiento del Galeón “San

Felipe”

, Institución Gran Duque de Alba, Excma. Diputación Prov. de Ávila, 1997; también en Ribadeneira, Op. cit., pp. 418-424.

24 Al no haber ningún acuerdo de paz en la primera invasión japonesa de Corea, Hideyoshi

ordenó, a finales de 1596, una segunda invasión, que tuvo lugar el 15 de enero de 1597, llevando 140.000 soldados, siendo esta contienda más sangrienta que la anterior. La guerra

(8)

su expansionismo podría afectar a Manila. Así pues, la reacción de Manila de

prepararse para la defensa fue triple, por un lugar se envió una embajada para pedir

explicaciones por los martirios, recoger las reliquias

25

, etc., y, de paso, enterarse de cómo

estaban los ánimos militaristas de Hiseyoshi. En segundo lugar se exploró la isla de

Taiwán para ocupar eventualmente alguna posición en el norte de la isla desde la que

contener inicialmente a los japoneses. Por último, se tomó la medida preventiva de

deportar a la mayor parte de japoneses de la ya floreciente colonia japonesa, que ese año

de 1597 había llevado a Manila 6 barcos

26

. Fue ésta la primera expulsión de las tres que

hubo, y el asentamiento japonés ya no se rehizo hasta 1603 en que volvió a contar con

500 emigrantes.

3. Ieyasu o la recuperación de una normalidad precaria (1598-1613)

En esos años de transición, por la guerra civil que había en Japón y que concluyó

en la batalla de Sekigahara, el comercio japonés con Manila floreció. Aunque no hubo

llegado a Manila ningún barco japonés en 1598, en 1599 llegaron 9, además de 7 más

pequeños, sin licencia; en 1600, llegaron 2 (uno de Shichizayémon Yamashita), pero

podían haber sido hasta 5, pues 3 de ellos se perdieron en el viaje; en 1601, llegaron 5

(uno de Kizayémon de Satzuma); y en 1602, llegaron 2 (uno de nuevo de Kizayémon, y el

otro de Shichiro)

27

. Los misioneros buscaban caminos para tratar con estos posibles

conversos, por ejemplo, sabemos que el rector del colegio de los jesuitas de Manila,

Ribera, pedía a Valignano algún sacerdote nativo para predicar a los japoneses, pero

solamente le fue enviado el escolástico Ota Augustino, que estuvo en Manila entre 1599

y 1602

28

.

3.1. Segunda época de embajadas (1600-1603)

3.1.1. Primera comunicación (1601)

<Ieyasu

29

envía a Jerónimo de Jesús ante el gobernador Francisco Tello>

Ieyasu,

intentando mejorar las relaciones comerciales con Luzón, envió a Jerónimo de Jesús que

ya llevaba unos años residiendo en Japón, con un mensaje para el Gobernador Francisco

de Tello en donde solicitaba comerciar con Nueva España. Esto es importante ya que es

la primera vez que se registra este interés japonés por el comercio con Nueva España, y

que concluirá doce años después con la famosa embajada de Hasekura en 1613, aunque

de hecho no tuvo ninguna trascendencia.

<Primavera de 1601: Francisco Tello envía a Jerónimo de Jesús de vuelta ante

Ieyasu>

El 26 de mayo de 1601 salió de Manila el Jerónimo de Jesús con la respuesta

del Gobernador. Iba acompañado por Pedro Burguillos y Gómez de San Luis. Llegaron a

Firando (Hirado), y se avisó a Ieyasu que estaba en Fuxime (Satsuma) a una legua de

Meaco. Entregaron a Ieyasu la carta del Gobernador Francisco de Tello favorable a los

no acabó por negociaciones de paz, sino por la muerte del belicoso Hideyoshi, con lo cual la guerra dejó de tener sentido. Los japoneses se retiraron, a la vez que sufrían una derrota en noviembre de ese año.

25 Ribadeneira, p. 504.

26 Iwao,

Early Japanese Settlers

..., p. 32. 27 Loc. cit.

28 J. F. Moran,

The Japanese and the Jesuits. Alexandro Valingnano in sixteenth-century

Japan, Routledge, London, pp. 155-157.

(9)

intereses de Ieyasu, a quien Fray Jerónimo tuvo ocasión de ver muchas veces; e incluso

obtuvo permiso para edificar iglesia en Satsuma. No obstante murió mientras esperaba

la respuesta. Ésta fue recibida por Pedro Burguillos, justo antes de que Ieyasu

abandonara esta ciudad.

3.1.2. Segunda comunicación (1602)

<Febrero de 1602: Ieyasu envía a Burguillos, acompañado de algunos japoneses,

ante Pedro de Acuña>

Ieyasu preparó una nueva embajada para concretar su propuesta

comercial. Así pues, Burguillos se embarcó para Manila en febrero de 1602, acompañado

de algunos japoneses. Todos fueron recibidos en Manila por el nuevo gobernador, Pedro

de Acuña, quien con ayuda de un naguatato recibió cortésmente a la comitiva. Ieyasu,

en su carta indicaba en primer lugar que

había implantado el sistema

suinsen

de

licencias (o barcos de sello rojo), y que, siguiendo el deseo de Francisco Tello, no había

dado licencia a más de cuatro barcos anuales para ir a Manila; añadía, por tanto, que no

había obligación por parte de los españoles de recibir a aquellos que no la llevaran, y que

él actuaría recíprocamente, no recibiendo a los barcos españoles que no llevaran chapa o

licencia de Manila. En segundo lugar ofrecía ayuda a los navíos que yendo a la Nueva

España, la necesitasen al pasar por las costas de Japón. Por último, Ieyasu insistía en

que deseaba tener comunicación con la Nueva España, cosa que había pedido, pero que

de ello aún no había recibido respuesta. Burguillos, comentando la reacción del

Gobernador Pedro de Acuña, decía que “en todo procuraría dar gusto al Emperador y

favorecer con muchas veras este viaje y conversión”.

<Mayo de 1602: Pedro de Acuña envía a algunos religiosos con su respuesta a

Ieyasu>

En mayo de 1602, según una carta de los franciscanos:

“[Acuña] despachó en los navíos de Japón la respuesta de la carta y [la] envió

con muchos favores y regalos para el Emperador y religiosos de nuestra orden y

de Santo Domingo y San Agustín… Y últimamente, para cumplir con los deseos

del Emperador, envía un navío a los reinos del Emperador del Kanto; en el cual

vamos tres religiosos de nuestro hábito, dos sacerdotes y yo, el tercero; cosa que

para el Emperador ha de ser la mayor lisonja y mayor favor y presente que

puedan enviarle de estas islas, porque sobre toda pretensión o interés desea la

comunicación con los españoles en aquellos reinos suyos del Kanto. En los

cuales, en lo mejor que les pareciere a los españoles, dice [que] les dará tierras y

seguro en que vivan como en Manila. Confío en Nuestro Señor que con este

navío en que ahora vamos y estos españoles que allá van a contratar, ha de ser

medio para que públicamente se predique la fe en Japón”

30

.

No había respuesta sobre lo que más interesaba al shogun, el comercio con Nueva

España, entre otras cosas porque el gobernador de Manila no tenía autoridad para

concederlo; pero el comercio entre los dos archipiélagos, ciertamente, se fue ajustando al

plan inicial y las licencias concedidas a los suinsen, no excedieron la cantidad señalada,

registrándose el siguiente trasiego

31

:

30 Biblioteca del Palacio de Oriente de Madrid, Manuscritos II, legajo 767, ff.1-14.

(10)

1604

1605 1606 1607 1608 1609 1610 1611 1612

1613

4

4

3

3

0

3

2

1

0

1

Sin embargo contrasta el optimismo de los religiosos con la política de represión del

cristianismo que tuvo lugar desde 1600 hasta la orden de expulsión de 1614, y que

produjo los siguientes mártires: 1 en 1600, 6 en 1603, 102 en 1605 (en la represión de

este año un vasallo del

daimio

de Yamaguchi con toda su familia y servidumbre fue

decapitado por orden del

daimio

), 2 en 1607, 1 en 1608, 7 en 1609, 8 en 1610 y 5 en 1612.

3.2. Ayuda militar japonesa en la masacre de chinos de 1603

Los japoneses de Manila colaboraron varias veces con los españoles en sus acciones

militares. Así el 18 de enero de 1596 un grupo de japoneses se unió a la expedición de

Gallinato para reforzar la guarnición de Camboya, en donde se distinguieron por su

bravura. En 1598, cuando Luis Pérez Dasmariñas condujo otra expedición a Camboya,

también se llevó a un grupo de japoneses; pero, sin duda, donde destacaron fue en la

ayuda que prestaron al reprimir el levantamiento sangley de 1603. Especialmente

cuando el día 20 de octubre, se formó un destacamento en Manila, a base de españoles,

japoneses, y 1.500 indios pampangos y tagalos, que fueron a perseguir a los chinos

huidos al pueblo de San Pablo

32

.

Una descripción contemporánea y muy favorable de los japoneses en Dilao la ofrece

nuevamente Antonio de Morga:

“Suele haber en Manila Japoneses cristianos é infieles, que quedan de los

navíos que vienen de Japon, aunque no tanta gente como Chinas. Estos tienen

poblazon y sitio particular, fuera de la ciudad, entre el Parián de los Sangleyes,

y el barrio de Laguio, junto al monasterio de la Candelaria, donde los

administran religiosos descalzos de San Francisco, con lenguas que para ello

tienen; es gente briosa y de buena disposición y valientes, con su hábito

particular: que son quimones de sedas de colores y de algodon hasta media

pierna, abiertos por delante, calzones anchos y cortos, botillas justas de gamuza,

el calzado como cendalias, la suela de paja bien tejida, la cabeza descubierta,

rapada la mollera hasta la coronilla, y el cabello detras largo, atado al celebro,

con una lazada de buena gracia, con sus catanas grandes y chicas en la cinta,

poca barba, gente de noble condicion y proceder, de muchas ceremonias y

cortesías, con mucho punto de honra y estimacion, determinados para

cualquiera necesidad y trabajo. Los que son cristianos prueban muy bien, y son

muy devotos y observantes de la religión, porque no les mueve á recibirla, sino

el deseo de salvarse, de que hay muchos cristianos en Japon; y así se vuelven

con facilidad y sin resistencia á su tierra; cuando mas hay de esta nacion en

Manila (que a otra parte de las islas no acuden) serán quinientos japoneses, y

32 José Eugenio Borao, "The massacre of 1603: Chinese Percepction of the Spaniards in the

Philippines", Itinerario, first semester of 1998. Hubo más ayudas militares, como la de 1615, en que 500 japoneses se alistaron en la expedición que Juan de Silva organizó contra los holandeses en el estrecho de Malaca; además, simultáneamente los holandeses llegaron a asediar Manila, y para hacerles frente se improvisó una flota con 500 españoles, 700 japoneses y pampangos.

(11)

por ser de la calidad que son, se vuelven á Japon, sin detenerse en las islas, y

así quedan de ordinario muy pocos en ellas; háceseles en todo buen tratamiento

por ser gente que lo requiere, y conviene así, para el buen estado de las cosas de

las islas con Japon”.

33

Pero esta imagen pronto quedó desfasada tras las sublevaciones de japoneses que

tuvieron lugar en Manila. La primera en 1606, en la que aprovechando la ausencia del

gobernador Acuña, que estaba en la expedición en las Molucas, los japoneses se alzaron

para protestar por un decreto de la Real Audiencia que disponía de su expulsión del país.

El motín fue calmado por los españoles, gracias a los esfuerzos del jesuita Pedro de

Montes y un franciscano de la iglesia de Dilao que les persuadieron a resolver el asunto

de modo amigable. Pero poco después murió el gobernador y la Audiencia asumió el

mando temporalmente, con lo que acordó al menos someter a los japoneses a la

prestación personal que ya obligaba a chinos y a nativos filipinos

34

. Eso hizo que otras

sublevaciones tuvieran lugar en 1607 y en 1608. En ésta última hubo enfrentamientos

muy duros en los que casi se destruyó la población de Dilao, y prácticamente los

japoneses desaparecieron por el segundo destierro que tuvo lugar, tarea que el

gobernador encomendó al oidor De la Vega.

35

El nuevo gobernador de Filipinas, Juan de Silva, respetó el acuerdo de la Real

Audiencia de impedir a los japoneses residir en el país, pero al mismo tiempo viendo la

importancia del comercio con ellos promulgó una ley que autorizaba el comercio siempre

que se diera una mayor importancia a los barcos salidos de Filipinas, en vez de que

dependiera solamente de los barcos japoneses. Ésta política ciertamente era contraria a

la que se practicaba con los chinos, a quienes se les permitía establecerse

36

. En

cualquier caso, la colonia japonesa se fue rehaciendo poco a poco.

3.3. Vivero de Velasco (1608-1610) y el incidente del “San Francisco” (1609)

3.3.1. Nueva embajada (1608)

<Verano de 1608: Vivero y Velasco se dirige a Ieyasu Tokugawa >

El recién llegado

gobernador Rodrigo de Vivero y Velasco, como responsable último de la expulsión que

acababa de suceder en 1608, escribió a Ieyasu Tokugawa el 9 de julio de 1608 para

informarle de los levantamientos japoneses, comunicarle que todos ellos habían sido

deportados, decirle que, no obstante, los mercaderes y otros emigrantes de buena fe

serían aceptados, y pedirle que en lo sucesivo, cuando autorizara dichos viajes de

33 Morga,

Sucesos

, pp. 367-368.

34 Antonio Molina,

Historia de Filipinas

, vol. 1, I.C.I., Madrid, 1984, p.105.

35 Valga la pena señalar algo que ocurrió en este contexto, y que sugiere alguna relación

entre los japoneses y chinos de Manila. Según una carta de Richard Cooks del 25 de febrero de 1616, fue en estas fechas de 1607-1608 (según Cooks, 9 años antes de su carta) cuando Andrea Dittis (el “wokou” Li Tan, líder de los chinos de Manila), tuvo una disputa con los españoles que querían apropiarse de 40.000 taeles que Dittis tenía, con lo que fue puesto en galeras. Dittis logró escapar y emigró a Hirado, en donde pronto se hizo el jefe de la comunidad de mercaderes chinos de esta ciudad de Japón. (William Foster, Letters received by the East India Company from its servants in the East, vol. IV, London, 1900, p. 54.) Posteriormente, desde allí, creó un imperio mercantil con base en Taiwán, que heredó su lugarteniente Iquam, y luego el hijo de este, Koxinga.

(12)

japoneses a Manila, los limitase sólo a mercaderes y a marineros

37

.

<Verano de 1608: Ieyasu Tokugawa responde a Vivero y Velasco>

Ieyasu, que en

ese momento estaba promoviendo comercio pacífico con los países vecinos, evitando

roces, contestó el 6 de agosto de 1608 diciendo que autorizaba a Vivero y Velasco para

que todos los japoneses que estuvieran provocando levantamientos en Filipinas fueran

ejecutados. Este comunicado fue puesto en lugares públicos donde residían japoneses

para anunciarlo.

3.3.2. Inesperado encuentro (1609)

Cuando en 1609 Rodrigo de Vivero y Velasco volvía a México, tras su breve

mandato de Gobernador, el galeón “San Francisco” en el que viajaba naufragó en las

costas de Japón, permaneciendo allí por espacio de un año (desde septiembre de 1609

hasta agosto de 1610), con lo que no le quedó más remedio que seguir negociando con

Ieyasu, ahora en persona

38

. Éste le encargó solicitar de Nueva España 50 mineros para

poder explorar debidamente los yacimientos japoneses. Vivero se entusiasmó tanto con

este deseo que prometió hacer saber al rey la necesidad que sentían, para enviarles no

sólo los 50 mineros pedidos, sino hasta 200, a cambio de obtener los españoles que

fueran a trabajar el 50%, quedando el otro 50% para dividir en dos mitades entre el

gobierno japonés y el rey de España

39

.

Vivero tras regresar a Nueva España, en noviembre de 1610, logró convencer al

virrey Velasco de la riqueza argentífera que debía haber en Japón, y le presentó algo

tan

contante y sonante

que Velasco decidió enviar a España al padre Alonso Muñoz para

continuar la negociación con el rey. Mientras tanto,

despachó como embajador, en marzo

de 1611, a Sebastián Vizcaíno, para devolver a su tierra a los mercaderes japoneses que

había embarcado Vivero y, de paso, para descubrir las islas Rica de Oro y Rica de Plata,

que desde hacía años se decía existían en el Pacífico, camino al Japón, y que también

podrían servir de escala en el viaje del galeón

40

. Vizcaíno llegó a Japón en junio de 1611,

sin encontrar las deseadas islas, y allí visitó varios puertos, como Osaka, Miyako, etc.,

de los que levantó planos. La negociación fracasó, al igual que una nueva búsqueda de

dichas islas en 1612. Tras naufragar de nuevo en las costas japonesas regresó por fin a

Nueva España, en 1613, en el “San Juan Bautista”, galeón construido en Japón, que se

llevó a la famosa embajada de Hasekura y Luis Sotelo.

37 Carta de Rodrigo de Vivero y Velasco al rey, el 8 de julio de 1608.

38 La estancia y las connotaciones del paso por Japón de Rodrigo de Vivero han sido

analizadas, entre otros, en Josef Franz Schütte, “Don Rodrigo de Vivero de Velasco y Sebastián Vizcaíno en Japón (1609-1610)”, y en Arcadio Schwade, “Las primeras relaciones entre Japón y México (1609-1616)”, ambos trabajos presentados en el XXX Congreso Internacional de Ciencias Humanas en Asia y África del Norte (México, 1976), y publicados en

La expansión Hispanoamericana en Asia, siglos XVI y XVII

, México, FCE, pp. 96-122, y 123-133 respectivamente.

39 Vivero escribió una interesante relación de su estancia forzosa en Japón, que al decir de

Demetrio Ramos “fue capaz de despertar tantas fantasías, y de sustituir la áurea ilusión de un rico país americano, pendiente de descubrir, por las metas del Extremo Oriente”. Véase

“Mentalidades e ideas en la América de la época”,

Historia General de España en América

,

vol. IX-I, Rialp, Madrid, 1985, p. 506.

40 Véase Juan Gil,

Mitos y utopías del Descubrimiento

, Alianza Editorial, Madrid, 1989, pp.

(13)

4. Época de persecuciones (1614-1624)

4.1. Destierro de japoneses cristianos y fundación de San Miguel

El soghunato Tokugawa tras algunas vacilaciones incrementó la presión sobre el

cristianismo. Así el 23 de diciembre de Keicho (1613), apenas tres meses después de la

partida de la misión Hasekura, Ieyasu ordenó a su asesor político Konjiin Suden

redactar el decreto de expulsión de los cristianos, que fue publicado al año siguiente en

forma de edicto, en el que básicamente se señalaba que el cristianismo era enemigo de

budismo y del shintoismo, y que causaría graves daños por lo que había que prohibirlo y

perseguirlo con la muerte

41

.

Así, en septiembre de 1614 el shogunato envió oficiales de Edo (Tokio) a Nagasaki

para ejecutar dicha ley. En consecuencia, 300 cristianos, entre misioneros y fieles de

todo Japón fueron concentrados en dicho puerto de mar y deportados en dos barcos a

Macao y en un tercero a Manila, cuyo capitán era Esteban de Acosta y que zarpó de

Nagasaki el 8 de noviembre de 1614. En este barco había 33 religiosos y un centenar de

laicos, entre los que se encontraban los afamados nobles Ukon Takayama (Justo

Ucondono), Yokuan Naito (Naitodono Juan) y sus familias, así como unas mujeres

consagradas que formaban el Colegio de Señoras Recogidas y Consagradas a Dios, que

los jesuitas tenían en Meaco. Antes de llegar a Manila el 21 de diciembre de ese año,

varios pasajeros murieron a causa de la fuerte tempestad que les acompañó en el viaje

42

.

El padre jesuita Ledesma nos cuenta así el recibimiento de Ukon Takayama (Ucondono)

en Manila:

“Luego que la galera en que venía llegó a las playas delante de las casas del

Señor Gobernador, salió toda la tierra al espectáculo, deseando ver un hombre

de quien tantas cosas se decían ... Subido a donde el señor gobernador, con los

oidores de la Audiencia y lo más granado de la ciudad, lo estaban esperando. El

señor gobernador se fue a él con los brazos abiertos a recibirlo... e hizo luego

aprestar su carroza para que viniese en ella con sus cinco nietos hasta nuestro

colegio donde había de comer.”

43

41 “Los seguidores de Cristo, llegados imprevistamente en Japón, no solamente vienen

trayendo mercancía en sus naves, sino también, sin permiso alguno, han extendido y propagado su malvada ley, destruyendo aquella buena y legítima y conspirando para derrocar el poder en nuestro país. Esto es el inicio de una gran calamidad, que con todo medio es necesario evitar. El Japón es un país sintoísta y budista, que venera a los Dioses, honra a Buda y tiene en gran estima el camino de la benevolencia … Los seguidores de los Padres han desobedecido todos a las órdenes dadas por gobierno, despreciando la religión y destruyendo el bien … Viendo aquellos que deben ser ajusticiados (los mártires) se alegran y corren detrás de ellos, espontáneamente, los adoran y los saludan. Tal es el supremo ideal de esta religión. Si no se la prohíbe inmediatamente, vendrán calamidades sin fin sobre el Estado. Que estos cristianos sean exterminados sin demora en todas las regiones del Japón, de forma que no tengan lugar donde poner sus pies o sus manos. Si alguno se atreviera a contravenir esta orden, sea castigado con la muerte”.

42 Fueron desterrados Justo Ucondono, con su mujer, hija y nietos, y de Juan Naitodono,

“una de las mas antiguas y nobles familias de Japón, con su familia, así como quince mujeres honradas que vivían en Mecao, recogidas en congregación ... cuya cabeza era Julia, hermana

de Naytodono”. Francisco Navas del Valle; Pablo Pastells.

Catálogo de los documentos

relativos a las Islas Filipinas existentes en el Archivo de Indias de Sevilla. Precedido de una

Historia General de Filipinas

, Compañía General de Tabacos de Filipinas, Barcelona, 1932-1935, vol. IV, p. ccxlvii.

(14)

Ucondono enfermó y murió dos meses después de llegar, pero el otro líder de la

expedición, Yokuan Naito, fundó con la ayuda de las autoridades de Manila un nuevo

asentamiento de japoneses, que fue conocido como San Miguel, y en el que se creó un

nuevo convento con el grupo de mujeres consagradas, así como un lugar de formación

para jóvenes seminaristas, para que años después volvieran a Japón, como así sucedería.

La localización de San Miguel no parece muy clara, aunque podría corresponder al

pequeño distrito cercano a Dilao, al sur del río Pasig, que se menciona en la

Descripción

de las Islas Filipinas

de Ignacio de Paz (1658).

4.2. Lope de Vega y el

Triunfo de la fee en los reynos de Japon

(1617)

Los frailes estaban temerosos de la interpretación que pudiera darse en Manila a

esta última serie de martirios acompañados de deportación. Además la situación se

había agravado, ya que una de las consecuencias de la deportación fue lo que se llamó el

“cisma de Nagasaki” por el que gran parte del clero nativo y muchos de catequistas que

habían recibido instrucción por los jesuitas se pusieron al lado de los frailes en la

disputa de quién debería suceder al obispo Cerqueria. Aunque ahora el

motu propio

de

Gregorio XIII ya no estaba en vigor (pues había sido suspendido en 1604), esta vez no

querían que se repitiera la situación de vulnerabilidad ante la crítica en la que habían

estado durante la persecución de 1597, y vieron la importancia en imitar a los jesuitas

en el arte de divulgar y justificar su trabajo misionero para ganar protección tanto en

España como en Roma. Los jesuitas a través de sus “cartas anuales”, que eran

re-escritas para ser publicadas, habían logrado un canal de publicidad que los frailes

echaban en falta. Para encarar este problema, los dominicos pensaron en Lope de Vega,

el mejor escritor de la época en España, o al menos al más popular, para que contara la

relación de estos últimos martirios de 1614. Según los estudios de Cummins

44

, Lope

recibió en el verano de 1617, una carta-relación del dominico Jacinto Orfanel, fechada

en Japón el 28 de marzo de 1615. Tras llegar ésta a Madrid, probablemente se la

entregaron a través de Pedro Fernández de Navarrete. En esta obra escrita en prosa,

Lope cuenta –siguiendo principalmente la narración de Orfanel– “las persecuciones de

Arima, Arie y Cochinotzu” de noviembre de 1614 y enero de 1615. Podría decirse que los

frailes finalmente triunfaron en su causa cuando, pocos años después, en 1627, el Papa

Urbano VIII beatificó a este grupo de mártires.

4.3. Incidente con la Flota de Defensa anglo-holandesa (1620)

A las amenazas japonesas no hay que olvidar la de los regulares bloqueos

holandeses de Manila, que en 1619, los empezaron a hacer en cooperación con los

ingleses. En dicho bloqueos valía todo, incluso la delación en Japón de los misioneros.

Ciertamente, en 1619, los Holandeses e Ingleses habían llegado a un acuerdo de

cooperación contra Portugueses y Españoles mediante el cual formaron una, así

llamada, Flota de Defensa con la intención de intensificar el bloqueo estacional que los

holandeses venían haciendo a Manila y Macao. En la primera de sus actuaciones, en

1620, la flota tras bloquear Macao se dirigió a Japón antes de que el monzón se volviese

en su contra. Tras dejar Taiwán al Sur se encontraron con el junco de un cristiano

44 J. S. Cummins (ed.)

Lope de Vega: Triunfo de la Fee en los Reynos de Japon

, Tamesis,

(15)

japonés llamado Joaquín Díaz Hirayama, que se había comprometido a llevar desde

Macao hasta las playas de Japón al dominico Luis Flores y al agustino Pedro de Zúñiga,

a condición de que éstos ocultasen tajantemente su carácter sacerdotal. Uno de los

barcos ingleses de la flota capturó el junco y, por tanto, a los dos españoles. Los captores

sospechaban que eran misioneros y cuya denuncia e identificación en Japón les valdría

no sólo la recompensa del barco capturado, sino un afianzamiento de su posición. Los

misioneros ocultaron bien su identidad, y la prueba es que leyendo las fuentes

holandesas vemos cómo sospechaban que eran jesuitas

45

. Una vez en Japón, los

holandeses se esforzaron cuanto pudieron por arrancar una confesión a los misioneros.

También el

daimio

de Hirado y el gobernador de Nagasaki tomaron cartas en el asunto.

Una delación en el juicio obligó a Pedro de Zúñiga a revelar su condición

46

, lo que supuso

que se arrestara también al capitán Hirayama, y a su tripulación, así como que los

holandeses se adjudicaran el junco, como premio de su captura. La mala suerte siguió

acompañando a los misioneros, y fue aun más adversa cuando dos años después el

dominico Luis Flores logró escaparse y, otra vez por obra de los holandeses fue

re-capturado. Consiguientemente, se procedió a un castigo ejemplar y los misioneros, el

capitán Hirayama y otros más murieron quemados el 20 de agosto de 1622

47

.

4.4. Crecimiento exponencial de japoneses en Manila

En 1615 el número de japoneses alcanzaba los 1.500, para hacer decrecer este

número el Gobernador Juan de Silva les ofreció alistarse en la campaña que había

iniciado ese año contra los holandeses con el objeto de echarlos de las Molucas, medida a

la que se acogieron 500 japoneses. En febrero de 1616, los quince barcos de la flota se

enfrentaron con los holandeses en Malaca, y, tal como señala Antonio Borraco:

“[Había] quinientos japoneses se habían unido a la flota tras ser bien pagados.

Un español era su comandante y el encargado de darles instrucción militar. No

obstante, se prohibió a los japoneses desembarcar cerca de Sincapura por

presuponérseles mala fe. [Pero así lo hicieron y] entonces se fueron a Siam y

otros países desde allí. Finalmente se volvieron a Japón”

48

.

A pesar de la desaparición de estos japoneses, la colonia siguió creciendo. El recién

llegado gobernador, Alonso Fajardo, señalaba al rey el 18 de diciembre de 1618:

45 Paul van Dyke, “The Anglo’Dutch Fleet of Defense (1620-1622). Prelude to the Dutch

Occupation of Taiwan”,

Around and about Formosa

, Ts’ao Yung’ho Found. for Culture and

Education, Taipei, 2006, pp. 69.

46 Estas noticias concuerdan con el diario de Cooks. Según Cooks (que, no obstante, sitúa el

incidente en 1618) la persona que delató a Zúñiga fue el hijo mayor del citado “wokou” Li Tan, Augustin, quien —recién vuelto a Nagasaki de un viaje a Manila— señaló que en esta

ciudad había tenido relación con Zúñiga. Véase, Seiichi Iwao,

Li Tan, Chief of the Chinese

Residents at Hirado, Japan, in the Last Days of the Ming Dinasty

, The Tokio Bunko, Tokio, 1958, p. 40.

47 Pablo Fernández,

Dominicos donde nace el Sol

, UST, Manila, 1958, pp. 88-89.

(16)

“En estas Islas Filipinas se está en continua invasión de enemigos, pues como

frontera de tantas, es necesario [que] éstas siempre [estén] en defensa …

mayormente estando Manila rodeada de Chinos y Japoneses y llena de esclavos,

que unos y otros para alzarse no han menester mas que vernos sin

prevención”

49

.

En 1619 la población llegaba ya a casi los 2.000

50

, y se temía que de seguir

creciendo podría haber nuevos levantamientos. Así, el Gobernador General declaraba el

29 de Mayo de 1620 que el número residentes chinos no debía exceder de 5.000 y el de

japoneses de 3.000, de lo contrario sería una fuerte negligencia. No obstante, se

invocaba una cierta tolerancia con los japoneses “por la necesidad de mantener el

comercio y la amistad con Japón”. Este comentario nos indica que este año se estaría ya

a las puertas de los 3.000 japoneses. Un año después ya habría alcanzado esa cifra pues

el 31 de diciembre de 1622 una nueva orden repite la conveniencia de mantener

controlado el crecimiento de los japoneses; pero, de hecho, en la carta de un japonés que

había estado en Manila, fechada el 31 de diciembre de 1623, se señalaba que la colonia

de japoneses de Manila excedía ya de los 3.000.

Este proceso generaba razones para la reticencia, pues los emigrantes en Manila

fácilmente podían ir a trabajar en flotas holandesas, como ocurrió con grupos de

japoneses en 1619 y 1623

51

. Según Iwao, estas medidas que pretendían limitar su

presencia debieron comentarse entre los colonos japoneses de modo exagerado e

interpretadas por los mercaderes japoneses que volvían a Japón como el inicio de una

situación de hostilidad y acoso, cuando no de una prohibición encubierta de comercio con

Japón

52

. La reticencia era mutua, aunque de otra índole por parte de los japoneses. Un

ejemplo de ello podría mostrarlo la llegada, en 1623, de los primeros religiosos recoletos,

Francisco de Jesús y Vicente de San Antonio, que salieron de Manila disfrazados de

mercaderes. Tras una accidentada travesía llegaron a Japón, en donde también

sufrieron penalidades

53

.

Una extraña contradicción se registra en este periodo, por un lado no se puede

decir que los barcos japoneses con licencia (

suinsen

) que llegaron a Manila en estos años

fueran muchos…

1614 1615

1616

1617 1618

1619

1620 1621 1622 1623

4

5

0

1

3

1

1

4

1

1

49 Navas & Pastels, VII-1, p. cxc.

50 Hernando Ríos en sus Recomendaciones para la reforma de Filipinas, B & R, v. 18, p. 308.

51 Iwao,

Early Japanese Settlers

..., p. 26. 52 Iwao,

Early Japanese Settlers

..., p. 23.

53 Estos dos misioneros salieron de Manila disfrazados de mercaderes, y un temporal les

llevó a Babuyanes, luego acabaron en China y finalmente llegaron a Nagasaki el 14 de octubre, ocultándose en la selva y permaneciendo en Japón 5 años, algunos de sus conversos fueron martirizados en 1628, condenados por Mizumo Gavachi, gobernador de Nagasaki. Al año siguiente fueron apresados los dos recoletos con muchos otros de sus cristianos entre los que había coreanos. Fueron llevados a la cárcel de Omura. El 28 de enero de 1630, 42 de ellos fueron quemados vivos, solo quedaron en prisión los dos recoletos que finalmente fueron martirizados en septiembre de 1632. Dos recoletos que llegaron poco después, nada mas tener noticia de la suerte de sus compañeros, fueron tomados presos en noviembre y quemados vivos a continuación. Navas & Pastels, VII-1, pp. cxxi-cxxii.

(17)

… y, por otro, vemos que la población japonesa creció mucho entre 1616 y 1623. Esto

sólo puede explicarse por las siguientes razones, o los barcos transportaban muchas

personas, o había mucho comercio irregular. Como dijimos, estos son los años de mayor

extensión de la colonia japonesa en Manila, llegando a las 3.000 personas, de los que la

mitad, según un informe del arzobispo Serrano, eran cristianos. Añadamos que algunos

de estos barcos que venían de Japón en realidad pertenecían a chinos, como el del

“wokou” Dittis (Li Tan), que envió dos barcos en 1621, otro en 1623 (posiblemente el

único contabilizado ese año) y dos en 1625

54

.

4.5. Última embajada española y expulsión de los españoles de Japón (1624)

<1623: Fajardo se dirige a Hidetada>

A principios de la década de los veinte, y sin

que todavía hubiera una explicación suficientemente convincente del cambio, el

shogunato decidió cortar sus relaciones con Manila, aunque en Filipinas se esforzaran

por mantenerlas. En 1623, el Gobernador General Fajardo envió una misión de buena

voluntad para informar al shogunato de la entronización del nuevo rey Felipe IV, a la

vez que proponía la conclusión de un pacto de comercio entre Japón y Filipinas. La

expedición llegó a Satsuma, y estuvo esperando hasta que en marzo de 1624 se le

comunicó que no sería recibida, pues no se quería que se propagara el cristianismo en

Japón bajo pretexto de comercio. Esto equivalía a un cese de relaciones y a la formal

expulsión de españoles de Japón (1624).

Poco después, en 1624, 69 cristianos japoneses de Nagasaki enviaron una carta al

obispo de Manila, Serrano, señalándole que la situación en Japón era cada vez más

difícil para los españoles debido a la dificultad de la lengua, así como otras

circunstancias, por lo que se le pedía que ordenara a un gran número de jóvenes

estudiantes japoneses de entre los que se encontraban en Filipinas para enviarlos a

Japón. A pesar de que hubo oposición a esta idea, el 23 de julio las autoridades

españolas concedieron un subsidio para la creación de un colegio

55

. Los primeros en salir

para Japón fueron cinco años después, pero de momento, el propio Luis Sotelo –que ya

había vuelto de su famosa embajada a España y Roma– se embarcó para Japón en

donde encontró el martirio

56

.

5. Época de clandestinidad (1625-1642): Taiwán en el contexto de estas relaciones

5.1. Incidente de Alcarazo: una nueva oportunidad perdida (1628)

En 1624 los holandeses establecieron una base en el centro Taiwán, y los españoles

lo hicieron en 1626 en el norte de la isla. Ambos países consideraban a este lugar de

54 Iwao,

Li Tan

…, pp. 44-45.

55 Iwao,

Early Japanese Settlers.

.., p. 46.

56 Como es bien conocido, en 1613, cuando todavía había oficialmente buenas relaciones

entre Japón y Manila y aun reinaba el optimismo entre los misioneros, Sotelo salió al frente de la embajada enviada por Date Masamune, el señor feudal de Sendai, al Vaticano. Volvió en 1620 y para su decepción pudo conocer el nuevo estado de la situación creada en Japón al poco de salir, y la consiguiente emigración de japoneses. El modo en que se enfrentó a la situación fue el fundar un colegio para estudiantes japoneses. La idea no era nueva, pues Felipe II ya había creado en el siglo XVI en Valladolid, el llamado Colegio de los Ingleses, o seminario de San Albano, para formar sacerdotes católicos ingleses que volvieran a su país durante la época de persecución protestante.

(18)

manera estratégica en sus relaciones con Japón, y de hecho, los comerciantes japoneses

incrementaron su presencia en la isla. En 1627 hubo un incidente entre los japoneses

residentes en Tayouan, que hizo vacilar la presencia holandesa en Japón

57

. Como

consecuencia, los españoles pensaron que esto podría beneficiarles y recuperar su

situación anterior, pero algo sucedió que complicó las cosas. El general Alcarazo a su

paso por Siam en mayo de 1628 se encontró con un junco japonés con sello rojo que

quemó como represalia de una acción pasada

58

. El 19 de enero de 1629 se hizo en Manila

una junta de teólogos y juristas presidida por el gobernador para analizar la situación, y

esta junta concluyó que la quema había sido injusta, por falta de autoridad de quien lo

hizo, por lo que “le corría obligación al damnificador de satisfacer a los japoneses el

daño”. No obstante, siete meses después, señalaba el secretario de la junta, que la única

acción que se había tomado era la de poner en libertad a lo japoneses,

“y enviarlos con recaudos al gobernador de Nangasaqui, y que con respecto al

valor de la hacienda se les satisfaría si el Japón abriese comercio con Manila

—y añadía que— la razón de esta suspensión u omisión por parte del gobierno

ha sido el considerar que el Rey Nuestro Señor tiene causa legítima de hacer la

guerra a los japoneses”

59

.

Las razones de esta guerra justa que se daban eran cuatro, a) el que tenían vedado el

comercio por causa de la fe, b) el no haber querido oír a los embajadores de Manila para

que hubiera paz entre ambos reinos, c) el que había habido agravios y robos antiguos no

satisfechos, como el del galeón “San Felipe”, y d) el que los japoneses pretendían

conquistar las Filipinas desde que llegaron los españoles. Esta actitud llevó a un nuevo

desencuentro y a perder la situación ventajosa frente a los holandeses

60

. En Manila se

esperaban represalias de Japón, y, para anticipar la defensa, se envió en 1629 al propio

Alcarazo como gobernador del puesto español de Taiwán, ordenándole que fortificase un

nuevo punto en Tamsui, sobre lo cual, decía el gobernador de Filipinas Niño de Tavora

al Rey (30 junio de 1629):

“En Isla Hermosa, con ocasión de las nuevas de la Armada de Japón, se

apresuraron también las fortificaciones, y me escribe el general Alcarazo, que

57 El establecimiento de la factoría holandesa de Fort Zeelandia (Taiwan) llevó a varias

disputas con los japoneses que venían utilizando la bahía como entrepôt, de modo que el gobernador Nuyts confiscó varios juncos japoneses con su tripulación. Poco después tuvo lugar el rapto del gobernador y su hijo por parte de un audaz bucanero japonés, Hamado Yahyoe. Todo acabó en una ruptura entre la VOC y el shogunato en 1628. Tras unas largas negociaciones Nuyts fue liberado, y relevado de su cargo.

58 La razón de la quema venía de una venganza que se había tomado por su mano Alcarazo.

En 1625, el sargento mayor Fernando de Silva, a su vuelta de un viaje a Macao con un barco bien armado, pasó por Siam con una altanería tal que los naturales, ayudados por los japoneses, le degollaron a él así como a la mayor parte de la gente que le acompañaba, y quedando 30 de ellos en prisión y la hacienda que llevaban en poder del rey de Siam (Navas

& Pastels, VII-1, pp. xlix). Véase también, Charles Ralph Boxer,

O Grande Navio de Amacau

,

Fundación Oriente y Centro de Estudios Marítimos de Macao, Macao, 1960, pp.96-99.

59 Navas & Pastels, VII-1, pp. clxi.

參考文獻

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