El espacio imaginario y la memoria en El año del
francés de Juan Pedro Aparicio
阿帕里西歐作品《法國人年》中的想像空間與記憶
Li-Jung Tseng
曾麗蓉
Department of Spanish Language and Literature
Providence University, Republic of China(Taiwan)
靜宜大學西班牙語文學系
104.08.19 到稿 104.11.05 通過刊登
El espacio imaginario y la memoria en El año del
francés de Juan Pedro Aparicio
Li-Jung Tseng
Abstract
El presente estudio tiene como objetivo investigar la presencia y el tratamiento del espacio narrativo y su relación con la memoria en El año del francés, de Juan Pedro Aparicio. La primera parte trata de la estructura de la novela. En la segunda parte intentamos investigar la interacción y la circulación entre los espacios imaginarios y reales de la obra. En la tercera parte, estudiamos la estrecha unión entre los espacios imaginarios y la memoria. En realidad, en El año del francés, Aparicio es capaz de ficcionalizar espacios tomados de la realidad geográfica. Así, ese espacio creado a partir de la imaginación del autor, inspirado en un lugar real, termina por conformar un nuevo mundo con vida propia. El espacio no es sólo la columna vertebral de la arquitectura narrativa, sino que también, mediante la imagen de los espacios narrativos, nos refleja tanto la complejidad de la naturaleza humana como la vida repleta de problemas. Gracias a la maestría del lenguaje de las relaciones espaciales, Juan Pedro Aparicio consiguió cumplir el ideal de fundar un nuevo universo literario que indaga en la realidad y el significado de la existencia humana con su propia palabra verbal medida.
Key words: imaginario, espacio, memoria, Juan Pedro Aparicio
Li-Jung Tseng, Ph.D. Doctorado en Literatura española y Teoría de la literatura, is currently Professor at the Spanish Department, Providence University, Republic of China (Taiwan).
阿帕里西歐作品《法國人年》中的想像空間與記憶
曾麗蓉
摘要
本研究主要探討阿帕里西歐作品《法國人年》 (1986) 中的空間處理方式及其 功能與象徵意義。第一部分將分析《法國人年》的小說結構。第二部分論述想像空 間與真實空間之間的流動與互相呼應。第三部分試著檢視「想像空間」的鋪排處理 如何轉化表達人類的生存處境,以及想像空間與記憶之間密不可分的關係。事實 上,阿帕里西歐在這部作品中成功地將真實地理空間轉化為小說的虛構空間。因 此,作者以真實地景為藍本,透過他的想像,得以形塑具有自己生命力,新的小說 世界。「空間」不僅是這部小說架構的中樞,而且同時藉由這些敘述空間的意象, 反映出矛盾的生命本質與充滿問題的人生。由於作者嫻熟的空間敘述語言處理,使 得他得以實現建立嶄新文學世界的理想。在此世界中,經由阿帕里西歐細緻的語言 處理,亦得以探討人生現實及生命意義。 關鍵字:想像、空間、記憶、阿帕里西歐。 曾麗蓉,西班牙國立瓦拉多利大學西班牙文學博士,靜宜大學西班牙語文學系專任教授。El espacio imaginario y la memoria en El año del
francés de Juan Pedro Aparicio
Evidentemente, el espacio es un elemento fundamental de las tramas de ficción (Garrido Domínquez 1993). Frente a los componentes narratológicos de la estructura narrativa, tales como los personajes, las aventuras, el ámbito temporal, los tipos de narrador y de discursos narrativos, el espacio también dispone de una gran importancia y riqueza textual, puesto que opera como un decisivo principio de la estructura narrativa para proporcionar coherencia al universo representado. Para muchos escritores, el espacio no será sólo el escenario donde se sitúan los personajes y acontecen los hechos, sino que en muchas historias hace el papel de protagonista o se erige en el elemento estructurador de la trama, dotado de coherentes formas y múltiples sentidos.
Es cierto que los personajes suelen configurar el eje de las historias, pero el reflejo de su existencia no tendría el alcance deseado por los escritores de no ser por la riqueza textual proporcionada por el protagonismo del espacio en que estos viven, es decir, del marco ambiental urbano, y en ocasiones rural, que pone de manifiesto la relevancia significativa de los pequeños mundos recreados. Así, aunque los autores persigan mostrar la psicología y la vida de sus personajes, necesitan para ello servirse del lenguaje de las relaciones espaciales para reflejar ese complejo microcosmos de experiencias entretejidas (Álvarez Méndez Hacia una teoría del signo espacial en la ficción narrativa contemporánea, 567-68).
En realidad, muchos escritores también se dan cuenta de la gran funcionalidad y capacidad tanto referencial como simbólica del espacio narrativo. Entre ellos, José María Merino hace hicapié en la importancia de los ámbitos fabulosos en que se realiza el mundo novelesco frente a los personajes, la acción novelesca y el tiempo (Merino, 103):
[...]tal vez el correspondiente al entorno físico de los personajes haya resultado, con el correr de la historia de la narrativa, especialmente oportuno para reflejar la singularidad de las cosas inventadas mediante la
simple ordenación de palabras escritas. Es en la figuración de escenarios, paisajes y territorios, donde lo literario muestra con particular brillo su potencia, acaso por la evidente falta de concordancia entre los medios empleados- la pura imaginación verbal de inventor- y los resultados que pueden conseguirse.
El ámbito espacial, por lo tanto, es el que posibilita que el escritor consiga desarrollar el protagonismo y la significación simbólica de los diversos escenarios novelescos. A través de la presentación de lugares cargados de significación, los escritores logran construir mundos ficcionales maravillosos, míticos o fantásticos. De este modo, hoy en día, es de notar la imposibilidad de desvincular la narrativa del espacio, ya que este aparte de ser un elemento estructural, se convierte en el seno del discurso novelesco, en un signo dotado de primordiales valores que posibilitan y facilitan la recreación y la interpretación del mundo ficcional. Entre los escritores españoles actuales, Juan Pedro Aparicio1 es uno de los más notables que pertenecieron a a la generación del 682
1 Juan Pedro Aparicio nació en León, el 11 de septiembre de 1941. La infancia de Aparicio transcurrió en
esa ciudad provincial que recreó en algunos de sus primeros cuentos y en Qué tiempo tan feliz. Comenzó sus estudios primarios con los Padres Agustinos. Como su madre era asturiana, Juan Pedro pasó frecuentes temporadas en Asturias mientrasvivió su abuelo. Por lo tanto, esa filiación astur-leonesa determinó la configuración sentimental de su universo ficcional. Estudió Derecho en Oviedo y Madrid. Durante años, fue responsable de exportación de una empresa de alimentación en la que transcurrió su vida profesional. Estaba casado con Isabel Belmonte y era padre de tres hijos. Fue director del Instituto de Cervantes en Londres entre 2005 y 2009. A finales de los años setenta participó en una peculiar aventura creativa, junto con los escritores Luis Mateo Díez y José María Merino, dio vida al apócrifo colectivo Sabino Ordás, que representa la tradición cultural liberal perdida tras el exilio republicano. Al mismo tiempo, representó una de las voces narrativas más destacadas del grupo de escritores leoneses nacidos alrededor de 1940. Empezó su carrera literaria con la publicación de El origen del mono y otros
relatos en 1975. En el terreno de la novela, obtuvo el Premio Guernica en 1979 por Lo que es del César, la
primiera novela larga suya que se publicó en 1981. Y fue finalista del Premio Nacional de Literatura por
El año del francés en 1987. En 1988 la concesión del Premio Nadal por Retratos de ambigú consolidó
definitivamente su reconocimiento literario. En 1996 cambió de escenario y publicó su primera novela policiaca, Malo en Madrid o el caso de la viuda polaca. En 2006, obtuvo el Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en 2005 por La vida en blanco (2005). Otras novelas suyas son La forma de la noche (1994),
El viajero de Leiscester (1997), La gran bruma (2001), Tristeza de lo infinito y El juego diabólico (2008). En 2012,
se le concedieron el Premio Castilla y León de las Letras por el conjunto de sus obras. Es autor también de artículos periodísticos, ensayos, libros de viajes y microrrelatos. Su novela más reciente es La cuna del
parlamentarismo (2014). En fin, Juan Pedro Aparicio fue, sin duda, uno de los novelistas de más
relevancia de las generaciones surgidas a partir de la Transición española. Por eso, en el contexto literario, se considera a Aparicio como un novelista que con sus obras contribuyó mucho al cambio que desembocó en el gran florecimiento novelístico del siglo presente.
en el panorama literario de España. En sus novelas, el espacio se ve representado como un personaje más de la trama. Sus obras, en numerosas ocasiones, están muy apegadas a su tierra natal, puesto que nos relatan historias olvidadas del medio provincial del norte de España. Obviamente, el espacio como componente relevante de la ficción narrativa, se convierte en uno de los procedimientos más importantes de su mundo novelístico. El escritor se vale de los elementos espaciales para que el ambiente físico cumpla muchas veces una función narrativa dirigida a los lectores. En especial, en la narrativa de Aparicio nos percatamos de una tendencia cada vez más marcada: la creación de espacios imaginarios.
Por otra parte, entre los novelistas castellano-leoneses se ha ido percibiendo una tendencia cada vez más destacada en los últimos años; esto es, se trata de la creación literaria de espacios narrativos inventados que han entrado en una relación íntima con una memoria personal y colectiva. Por eso, la otra pieza esencial de la obra, El año del francés, es la memoria, esto es, el deseo de recordar. En la obra de Aparicio es obvio el intento de reivindicar una historia no dogmática de España. Por eso, no cabe duda de que en la novela el tratamiento del espacio ha tenido una relación muy íntima con la memoria, en el sentido de que “el primero se convierte en el recipiente y representante del segundo” (Bazán Rodríguez, 74). De esta forma, espacio y memoria se unen en una relación de interdependencia.
En este sentido, el presente estudio tiene como objetivo investigar la presencia y el tratamiento del espacio narrativo y su relación con la memoria en El año del francés de Juan Pedro Aparicio. En la primera parte de este trabajo se trata la estructura de la obra narrativa. En la segunda, se intenta investigar la interacción y la circulación entre los espacios imaginarios y reales. Por último, en la tercera parte, estudiamos la íntima unión entre los espacios imaginarios y la
en 1988. Se trata de una promoción de autores nacidos entre 1939 y 1950 aproximadamente, y, por lo tanto, cuya formación tuvo lugar bajo las penurias materiales, culturales e ideológicas de la posguerra franquista. Vivieron la educación restrictiva del primer franquismo, y protagonizaron después una oposición al régimen que tuvo en las revueltas estudiantiles de los años 60 uno de sus focos más activos. Culturalmente los miembros de esta generación han tenido un contacto másfluido con la literatura extranjera que las generaciones precedentes.
memoria.
I. La estructura de forma fragmentaria y discontinua
La novela El año del francés fue finalista en el Premio Nacional de Literatura en 1987. En esta obra narrativa, lo que nos narra fundamentalmente es una histora de amor entre un francés que llega a León, y Valenty, la hija del presidente de la diputación de esta ciudad. El francés, Viollet-le-Duc, se gana la vida tirándose en paracaídas desde la casa más alta, y escalando la torre de la catedral. Desafortunadamente, en su primera demostración padece un accidente que le lleva a caer sobre la portagonista, Valenty, a quien fractura una pierna, y sobre Mariano, quien aprovecha los aprietos de la multitud para declarar su amor a Valenty. La razón radica en que ésta es la joven más hermosa y rica de la ciudad; sin embargo, su carácter soñador y libertad de criterio tiene preocupado al padre de la joven. El francés visita a Valenty a fin de interesarse por su salud. En las visitas, Valenty cuenta al francés, tanto su vida en Inglaterra, como su amor por Miguel y las aventuras que este y su amigo Santiago vivieron primero en Africa y después en Australia. Al mismo tiempo, el francés también habla con don Pedro Ochoa, el padre de Valenty, acerca de las investigaciones filológicas que aquéllleva a cabo sobre el poema titulado 《Los grillos del alma》. El francés opina que es una obra poética falsamente atribuida al abad David, ya que según su investigación, el verdadero autor era un judío llamado David Habad. Esa aseveración indigna al erudito local Manolo Peralta, puesto que al cambiarse de autoría, se cambiaría también el significado del poema. De hecho, al principio, como obra de abad David, la obra se inspira a lo divino; sin embargo, si David Habad es el autor, escondería un sentido inmanente y escéptico de la existencia humana. Por eso, Manolo Peralta se queda indignado porque para él, el abad simboliza la gloria de la ciudad y su obra es la cumbre con la que inicia la mística española.
Por otra parte, nos da a conocer a otro joven escritor, Álvaro, quien ha de trabajar en la mercería de sus tíos para sostener a su hermano. Él está elaborando la historia de un judío, David Habad, quien en las postrimerías de la Edad Media escribe 《Los grillos del alma》. A partir de este momento, se va estableciendo un
paralelismo cada vez más creciente entre los avatares de Viollet-le-Duc y Álvaro en el tiempo presente, y los de David Habad y el correspondiente peregrino francés en el tiempo pasado y en la obra de Álvaro, mediante la coincidencia entre ambos planos narrativos. Mientras tanto, ha ido pasando el verano, las estudiantes francesas de los cursos de verano han llegado y se han marchado. Y los habitantes de la ciudad han ido pasando su tiempo con reuniones y excursiones. Al mismo tiempo, el francés causa mucha molestia a los ciudadanos. Por una parte, él ha puesto en entredicho la autoría literaria del poema, causando una verdadera polémica sobre la autoría de este poema que algunos atribuyen al abad David; por otra, ha establecido relaciones amistosas con personajes mal vistos por la autoridad, tales como Álvaro y Mariano. Al final, vemos que el francés ha sido aquel Miguel que Valenty recrea en sus recuerdos de Inglaterra. Miguel intenta llevarse a Valenty consigo, pues ha elaborado todo el fingimiento de su falsa personalidad, un paracaidista francés. Antes de huirse, Miguel confiesa a Álvaro su propósito y tras su confesión lo asesina. Finalmente, el joven escritor, sumergido en la oscuridad de la noche y recogido en sus pensamientos, espera que la policía venga a detenerlo en cualquier momento, a pesar de que sabe que sean sosopechosos culpables Mariano y el Gicho, que casualmente pasaban por el lugar del crimen a la salida del cine.
El año del francés se encuentra dividido en treinta y un capítulos que no disponen de una linealidad narrativa. De hecho, la novela se caracteriza por una forma fragmentaria y discontinua, puesto que el escritor intenta presentar distintos episodios que, como las piezas de un rompecabezas, vienen encajando unas en otras para la reconstrucción de la historia fundamental. A la vez, también de una manera fragmentaria, otra serie de episodios se van superponiendo en niveles diferenciados para crear un marco en el que se encuadra esa historia principal de amor. “La novela se presenta así como un collage narrativo de episodios que de forma progresiva, pero fragmentaria, el autor va desarrolando sirviéndose de la combinación de distinos narradores y narratarios” (Almudena del Olmo, 22).
El narrador de la obra es del tipo de narrador omnisciente. Es decir, es un narrador que sabe todo lo que sucedió en la ciudad provincial el año que llegó el
francés. Pero, también en muchas ocasiones, el escritor cede en la narrración la voz del narrador omnisciente a algunos personajes que llegan a ser nuevos narradores en algunos episodios. Por ejemplo, en un episodio, Valenty se convierte en una narradora, cobrando su propia voz. A través de su voz, conocemos su relación con Miguel en Inglaterra en un tiempo pasado. Otro caso es que el narrador omnisciente nos presenta a Álvaro que está escribiendo una novela. Pero después nos damos cuenta de que la novela suya va cobrando un funcionamieto autónomo y se convierte en una escritura dentro de la escritura en la que Álvaro será el propio narrador. De esta manera, el narrador omnisciente empieza su relato de los acontecimientos de una forma directa, pero en otros momentos también introduce a distintos “informantes”, quienes de una forma parcial, múltiple e indirecta terminan por trazar el desarrollo completo de los hechos. Por ejemplo, de una forma directa, nos presenta el narrador omnisciente el salto del francés cuando este está a punto de saltar desde lo alto de un edificio. Más tarde, aparece un locutor encargado de contar a unos supuestos oyentes radiofónicos lo que está ocurriendo. Así, el relato de este acontecimiento pasa de la voz del narrador a la del locutor. De este modo, mediante los diversos informantes que nos introduce el narrador progresivamente, podremos conseguir toda la información de los hechos, ofrecida de forma fragmentaria. Mediante esta técnica, el escritor obliga al nararador a ceder su voz en la obra de formas distintas, generándose una pluralidad de voces para contar cosas. Son unas voces guiadas por el narrador omnisciente, pero muchas veces se convierten en una voz narradora con total independencia.
Además, valiéndose del personaje de Álvaro, Aparicio pretende instaurar en su novela el juego de la escritura dentro de la escritura, un juego que acaba por constituirse como un elemento temático más y se integra en la narración, esto es, en el collage narrativo de la novela. A través de la perspectiva del narrador, nos presenta a Álvaro, quien trabaja en la tienda de sus tíos y escribe su libro, proyectando sus frustraciones en la vida. Él crea en su escritura un personaje, en otro tiempo y en otro espacio. El protagonista, David Habad, de su obra titulada Los grillos de su alma es un poeta judío que en el libro también escribe un poema bajo el mismo título de Los grillos de su alma. Álvaro intenta reproducir fragmentos de este poema en su discurso. De esta manera, va planteado el juego
de David Habad dentro de la escritura de Álvaro y al mismo tiempo dentro de la escritura de El año del francés. Mediante el juego de la escritura dentro de la escritura, Álvaro y David Habad, a pesar de ser dos personajes distintos, pero precisamente por estar incluidos en una y en otra, consiguen tener desarrollos paralelos. Las historias de ambos se van imbricandohasta que se fusionan en un ámbito único: el de la escritura de El año del francés. Por lo tanto, podremos saber lo que sucederá después siguiendo la historiaque Álvaro narra en su obra. Eso es lo que sucede en el final de El año del francés cuando Álvaro asesinó al francés, puesto que anteriormente, en el libro de Álvaro, David Habad también mató al peregrino franco y le condenaron a muerte por tal crimen que cometió. Por eso, podemos afirmar que la estructura es compleja por pluralidad coral, minifiesta no sólo en los múltiples narradores y en el complicado juego de geminaciones y espejismos. Como hemos señalado, se da el caso de que en determinadas secuencias hay un relevo de narradores entre el básico, que está relatando la historia de Álvaro, y el propio Álvaro, que está narrando la del personaje de su propia obra, David Habad.
A fin de cuentas, en El año del francés, el autor nos presenta una estructura novelesca basada en fragmentos. La novela no presenta una temporalidad consecutiva ni se plantea el relato completo y ordenado de la trama novelesca. Mediante la convergencia narrativa que desarrolla Aparicio, basada en la combinación de distintos narradores y narratarios y la pluralidad de voces, este consigue plantear un auténtico juego de escritura y una configuración completa del desarrollo de la historia. Así, sirviéndose de la acumulación de las vidas, las voces y opiniones de seres representativos, el escritor logra finalmente recuperar la compleja realidad urbana en los años del desarrollo franquista. Basándose de esas técnicas narrativas, Aparicio logra presentarnos una estructura literaria tan precisa, articulada a través de una serie de motivos, símbolos, tipos y paisajes urdidos con absoluta armonía.
II. Los espacios reales e imaginarios: del ámbito real al mítico
La configuración del espacio es otro de los elementos relevantes en El año del francés de Juan Pedro Aparicio. Mucho más que un mero espacio-marco o
soporte de la acción, son espacios que ejercen un influjo determinante sobre la trama novelesca. El autor siempre es consciente del protagonismo, gran funcionalidad y capacidad, tanto referencial como simbólica de su universo relatado. En efecto, Juan Pedro Aparicio es un escritor que ha dedicado muchas páginas a hablar de su tierra, Castilla y Léon a través de las novelas, libros de viaje, artículos periodísticos, etc. Por eso, nos consta que la importancia del espacio para Aparicio es evidente. Especialmente, en esa novela, el espacio narrativo adquiere una función destacada de estructuración de la ficción literaria que, además de determinar la peripecia novelesca, también sirve para configurar una serie de valores simbólicos.
Esa obra de Aparicio, un escritor preferentemente considerado realista, está dotada de una referencialidad histórica explícita que en muchas ocasiones se asocia con el espacio geográfico leonés en el que transcurrieron la infancia y adolescencia del escritor. En realidad, El año del francés es una obra inspirada en su propio contexto vivencial leonés a lo largo de la posguerra. Mediante la obra narrativa, el escritor va configurando un trasunto literario leonés en la figurada ciudad de Lot que muchas veces reproduce la exacta fisonomía del León real. El espacio narrativo de la novela -la ciudad- cobra un protagonismo que se hace evidente mediante la identificación repetida de sus espacios: los lugares comunes de encuentro, que contribuyen a crear el ambiente social de la ciudad, tales como la Diputación Provincial, cines, el café Esmirna, paseos, avenidas, calles, plazas, monumentos, zonas de extramuros, etc. De hecho, el narrador, partede un referente realista clásico en la configuración espacial que presenta la novela, tanto en la opción de referentes de significación en el contexto de la época recreada, la posguerra española, -marcas de coches, lecturas juveniles, títulos de tebeos-, como a la hora de identificar por su nombre real el entramado físico de la ciudad de León que los personajes deambulan. El tratamiento de este espacio es de tal miniciosa topografía- con una especial fijación en la catedral- que responde al realismo más canónico. En una carta del 15 de julio de 1997 dirigida a Ignacio Soldevilla, el mismo autor también ha declarado: “Casi todos los nombres de calles y plazas son reales. Que yo recuerde la única ficticia es la calle Bellido Dolfos. Todavía no había decidido pasar de León a Lot” (García Sánchez, 608). Por lo tanto, unespacio así construido responde seguramente a la
intención realista de dar un ámbito singular y bien definido al existir ficcional que “se agita dentro de él, el cual, por presentar un sello historicista de época que abarca acontecimientos, personajes, comportamientos y mentalidades, nos interplea con su plausibilidad realista” (García Sánchez, 608). Sobre todo, este tratamiento realista y detallado del espacio no sólo contribuye a crear un ambiente matizado y vivo, sino a reflejar la realidad social de la ciudad. En especial, los episodios nos reflejan el desarrollismo de esos años de la época recreada: la llegada de las francesas que toman cursos de verano indica algo de aperturismo que, sin embargo, no llega a cambiar la fisonomía de una ciudad cerrada y sin alicientes. Así, la ciudad viene adquiriendo protagonismo a lo largo de la obra mediante la identificación repetida de sus espacios. La ciudad se manifiesta a través de la evocación de ambientes, detalles de sensaciones que responden a la pincelada intensificada del pintor:
El cielo se escalonaba en distintos planos y colores: recto y plomizo en la línea del horizonte, con haces de lluvia negra derramándose sobre los campos, grisáceo más cerca, casi brillante, con manchones de nácar delimitando las masas de nubes, muy altas, muy gruesas, de pliegos redondeados y orondos, que atascaban los caminos del sol (Aparicio, 13). Con respecto a la configuración espacial realista, el escritor ha seleccionado cuidadosamente referentes tomados de la realidad en las abundantes referencias de época a coches como “Gordini”, “Buick”, “Caravelle”, o al tebeo para chicas “Florita”. Y los espacios reales, muy pocas veces disfrazados bajo nombres fingidos, correspondena la exhaustiva geografía real de la ciudad de León en los años cincuenta y sesenta. De esta forma, ese espacio real, la ciudad, se convierte en personaje protagonista. La ciudad cobra viveza, como si fuera una entidad viva y cambiante, con su fisonomía y carácter particulares, con sus proios mitos. Como señala Castro Díez (Niveles de significación del espacio en las novelas de Juan Pedro Aparicio: Del espacio histórico al territorio fantástico, 129):
De modo que la funcionalidad del espacio no reside solo en servir de contexto a la acción, reconstruir con verosimilitud un ambiente y
costumbres de unas décadas fijadas en la escritura literaria. En esta configuración espacial de las novelas, la ciudad adquiere protagonismo y significación propia.
Por otro lado, aunque desde el principio, el relato se dota de una geografía, una localización concreta para situar la acción, esos marcos geográficos vitales se convierten, mediante la imaginación, en un trasunto literario, en un espacio sin fronteras, donde la geografía espacial se abre y se expande acogiendo multitud de perspectivas, ya que aunque el espacio sigue tanto las leyes físicas como los principios básicos de verosimilitud geográfica, la obra se ve impregnada por la subjetividad del narrador y de los personajes. De este modo, en El año del francés, aunque los espacios se inspiran en un lugar real, estos creados a partir de la imaginación del escritor suelen conformar un nuevo mundo dotado de vida propia que sólo tiene existencia verosímil en el texto narrativo. Por tanto, no nos sorprende que “se ofrezca la imagen de un mundo ficcional con coordenadas propias y con datos pormenorizados de situación, tradiciones, población y urbanismo, que dibujan de manera íntegra y factible el marco soporte de los acontecimientos y personajes recogidos en la narración” (Álvarez Méndez, 558-559). En el discurso de ingreso de Luis Mateo Díez, él mismo ha apuntado (Díez, 34):
Los territorios imaginarios responden a necesidadesque el propio universo del escritor segrega, con frecuencia necesidades imperiosas para que lo que se quiere contar tenga también el lugar imprescindible que enriquezca las significaciones y [ ... ] auspicie el sentimiento. Las geografías de la imaginación son siempre geografías metafóricas y, con frecuencia, míticas, también algunas veces simbólicas.
El espacio de referencia real, al incorporarse a una estructura ficcional, adquiere significaciones más complejas en relación con el conjuntos de niveles de la narración, de modo que el espacio ya no se lilmita a ser marco físico de desarrollo de la acción novelesca. En realidad, Aparicio, sirviéndose de León, consigue crear otro territorio imaginario, un lugar rutinario, continuista y
tradicional que está lleno de excepciones, particularidades y apegos que conforman un micromundo, sin que sus habitantes sean conscientes del todo. El espacio histórico real del que pudiera haber partido el autor ha sido sometido a un proceso de distorsión, parodia, desproporción, casi exasperación, sin ahorrar ironías ni situaciones crudas, hasta dar lugar una parodia grotesca y expresionista de los personajes, de modo que el marco de la acción, el espacio físico, se va confomando como espacio simbólico. Por ejemplo, el comisario de policía Bienzobas aparece parodiado en su costumbre de tomarse la justicia por su mano con los personajes más débiles. También se ve parodiado el erudito local, Manolo Peralta, que se caracteriza por su orgullo nacionalista desde el que definede la existencia del abad David, gloria provincial intocable. Nos traza a Valenty y Álvaro que generan discursos reiterativos de la novela: la necesidad de huirse de la realidad alienante en que les toca vivir y la dialéctica con lo imaginario. A su vez, Álvaro, un personaje sumergido en la soledad, intenta trascender su alienación existencial mediante la escritura. El protagonista de su novela, David Habad, también vive su personal historia de alienación en la Edad Media. Álvaro concibe a su personaje como un paralelo suyo. Ese paralelismo genera un complejo juego de espejos entre realidad y ficción, ya que ambas terminan por ser una misma cosa. Al mismo tiempo, surge el espacio de la escritura en el que el territorio queda modificado, puesto que, aunque la ciudad continúa siendo León, la nueva temporalidad la convierte en una ciudad distinta, con un ambiente distinto, con otras gentes, con unas mismas calles que cambian sus nombres. No obstante, la configuración del espacio provinciano de los años 60 y del mismo espacio de la Edad Media, marcados igualmente por la cerrazón, el inmovilismo y el abuso de poder, le sirve al escritor a fin de indagar tanto en las contradicciones sociales de su época, como en los conflictos existenciales que genera en el individuo inadaptado ante el modelo asfixiante que le impone la sociedad. Nos enfrentamos ya al espacio de alienación. En este sentido, la ciudad provincial se convierte en un símbolo de la falta de libertad del ser humano, de barrera, de limitaciones, de encierro que acaba por asfixiar a los personajes como Álvaro que trata de huir de este contexto alienante mediante la escritura; y Valenty que pretende escaparse mediante las ensoñaciones rememorativas y los viajes liberadores. Para otros personajes, Gicho y Mariano, su evasión se opera
mediante el cine; el primero aprovecha la oscuridad para dar rienda suelta a su libido mientras que el segundo sueña amores de película con la protagonista Valenty. Aquí el cine sirve como espacio de libertad, un espacio para soñar, como un espacio imaginario que simboliza una rendija que se abre fuera de los estrechos márgenes de la realidad española provinciana de los años de posguerra. La siguiente cita porporciona claves exactas para la comprensión de estos dos personajes dentro de la obra (Qué tiempo tan feliz, 97-98):
El cine tenía una dobe naturaleza soñadora. De un lado, lo que ocurría en la película, con gánsteres y asesinos, pero también con policías que le leían tus derechos. De otro, lo que ocurría en la sala oscura, no sólo las caricias y los besos furtivos que veíamos en los mayores, sobre todo la sensación de haber roto un estrecho cerco, la sensación de pertenecer al mundo brillante de la pantalla.
De esta forma, se produce una marcada dinámica de contraste y oposición entre espacio histórico y real y espacio imaginado. Finalmente, el desenlace de la novela supone una frustración ante cualquier esperanza de liberación y un término del círculo de una ciudad condenada a repetirse, en la que los personajes carecen de libertad para trazar su propio camino vital. En este sentido, el espacio narrativo principal de esta novela pasa del espacio real alespacio simbólico de la carencia de libertad del ser humano, en el que los prejuicios ideológicos y sociales y el peso de la herencia histórica se convierten en limitaciones para los personajes que sienten lo vulgar de su entorno como una pesada carga ante la que son incapaces de rebelarse.
En suma, El año del francés se sitúa en un contexto realista que pasa a ser un espacio cargado de símbolos. En efecto, el escritor no aspira a trazar el mundo narrativo de perfiles realistas sólidos en la configuración de un espacio y unos personajes. En la novela, algunos espacios de la ciudad se ven nombrados solo en su función de servir de soporte físico a la narración. En este sentido, se trata de una configuración colectiva de la acción narrativa y una disposición de crónica realista que se va transformando mediante la cuidadosa reconstrucción de un trasfondo sociopolítico y una posición de denuncia ética y política,
alternado con el acceso a lo imaginario y mítico, suplantador de la realidad. De tal modo, la suma de todos los lugares plasmados en la narración, consiguen convertir el espacio localizador de las historias en un verdadero protagonista de la obra.
III. Los espacios y la memoria
Al hablar sobre la obra literaria de Juan Pedro Aparicio, la mayoría de los críticos están de acuerdo con el hecho de que el recuerdo y la memoria histórica son las dos ideas más esenciales de su mundo narrativo. Por lo tanto, no cabe duda de que la memoria es un elemento fundamental en toda su producción, puesto que sirve como pilar central sobre el que se edifican todos los demás elementos narrativos. En realidad, con su producción novelesca, se refiere a la pérdida de relaciones estables con el espacio circundante, y los intentos de contrarrestar esta pérdida. Es obvia la capacidad particular de ese discurso novelesco tanto para hacer resucitar los lugares perdidos, como para salvarlos del olvido. En efecto, a Aparicio le ha interesado el problema de la memoria, puesto que, para el mismo autor, la memoria es el motor de la creación y un modo muy eficaz de salvar del olvido las historias pasadas. En especial, Aparicio concibe esa novela ambientada en la ciudad de León. Mediante la novela, el escritor indaga en la historia más reciente de España. De esta manera, lo hace a través de la elaboración de esa obra claramente inspirada en su propio contexto vivencial leónes a lo largo de la posguerra española. Está dotadade un carácter realista que se ve determinado tanto por el contexto espacio-temporal en elque se desarrolla la historia, como por su reconocimiento inmediato en la realidad histórica y geográfica, puesto que de esta forma proporciona claves que facilitan la comprensión de las tramas y de los personajes que las protagonizan. Y esa vinculación obviamente histórica de la novela se asienta “en el compromiso personal del escritor con su tiempo y la necesidad de cuestionar en el pasado reciente las claves de una identidad personal y colectiva” (Niveles de significación del espacio...., 126-127). En este sentido, el narrador se sirve de la dimensión espacial, como reflexión, como un cauce idóneo para indagar sobre la problemática del individuo y el sistema de valores que impone la sociedad de su
época.
La novela se inicia con una escena inspirada en sus recuerdos de la infancia: el salto en paracaídas desde el edificio más alto que desafía y resalta la monotonía de la ciudad (Aparicio, 8):
En la plaza, la muchedumbre asistía a la aventura con una aprensión de invasión. Hombres, mujeres y niños -escolares, sobre todo, en grupos de cuarenta o cincuenta, con sus profesores a la cabeza- prendían su mirada en lo alto. Había entre ellos un jadeo que acaso fuera de admiración; admiración por un arrojo que, [...]
Con esa escena, empezamos el recorrido espacial: los paseos por la ciudad y el progresivo reconocimiento de la geografía urbana, las expectativas generadas por los cursos para extranjeros en el mundo pequeño de provincia, las diferencias sociales que marcan espacios tales como el Casino Provinciano, las cafeterías y las tabernas habituales. De este modo, el autor nos presenta una vida sin estímulos, repleta de limitaciones, donde la única novedad radica en el paso de algún circo, las francesas de los cursos de verano, y algún chismorreo provinciano. Con la descripción, poco a poco, vamos descubriendo que se trata de una ciudad cerrada y sin alicientes, un espacio urbano que va adquiriendo protagonismo, no sólo a través de la identificación de sus espacios, sino también mediante los que se definen los personajes que los recorren y pueblan: la Diputación en la que se reúnen las fuerzas vivas y la autoridad de la ciudad; la mercería donde trabaja Álvaro, los cines, los cafés que se encuentran constituidos como reunión social. En muchas ocasiones, la presentación minuciosa de los personajes que aparecen en unos ambientes aparentemente insignificantes, también llega a dotar a la obra de un ambiente vivo, reflejando la realidad social. Por otra parte, los personajes de El año del francés hacen un recorrido por Ordoño II, el Generalísmo, los jardines de Santo Domigo, acuden a los cines Avenida y Emperador, y celebran las fiestas de San Juan. Además, la dinámica de la ciudad nos da una invención de sus propios mitos como el del abad David, gloria de la ciudad. No obstante, un extranjero, ese francés duda de su existencia, lo cual viene a ser una marcada burla e ironía de la historia apologética de la ciudad.
De esta forma, es lógico que para llegar a la recuperación de la memoria sea necesario recrear escenarios y sucesos de la vida cotidiana de la ciudad y sustraer del olvido algunos retazos esenciales de la memoria de esa época. Entonces, la fidelidad a los escenarios, que sirven como portadores de la identidad y de la memoria individual y colectiva, es el motor de la obra. En la novela, la memoria está, generalmente, sujeta a espacios concretos, puesto que los espacios desvinculan la memoria del tiempo y materializan las huellas del pasado. Así se destaca la creación de espacios imaginarios en los que es posible recrear lo olvidado. Por lo tanto, en la novela, percibimos la fuerte presencia de la idea de que la memoria se asocia al espacio, y de que sólo quien permanece en él puede recordar. En realidad, los espacios en la obra narrativa equivalen a los “lugares de memoria” como define Pierre Nora (Nora, 285):
On one hand we find an integrated, dictatorial memory〔...〕a memory without a past that ceaselessly reinvents tradition, linking the history of its ancestors to the undifferentiated time of heroes, origin and myth.
Según Nora, el “lugar de memoria” es donde cristaliza la memoria pero no equivale a un “real enviroment of memory”(Nora, 284); en cambio, es una sombra del mismo, los restos de algo que ha desaparecido. No obstante, encuentra su modo de sobrevivir al tiempo y al barrido de la historia, y reclama la necesidad de que lo recordemos:
The Lieux of memory are fundamentally remains, the ultimate embodiments of memorial consciousness that has barely survived in a historical age that calls out for memory because it has abandoned it.
Por eso, como hemos señalado, sería también una memoria desvinculada de la historia. Al mismo tiempo, según Nora, los lugares de memoria son lugares que despiertan los sentidos, con dimensión material, simbólica y funcional. De esta manera, en El año del francés, podemos afirmar que el espacio es un “lugar físico se convierte en lugar de memoria cuando la imaginación del observador, del lector, le da una determinada profundidad simbólica”(Rodríguez, 51). En este
sentido, se percibe con claridad la presencia del “lugar de memoria”, como señala Nora, porque estamos ante el binomio objetivo-sujetivo del espacio narrativo cuando tratamos los espacios reales e imaginarios. Es más, la existencia del lugar de memoria se asocia con la necesidad imprescindible de que haya una voluntad de recordar y reflexionar. En este sentido, en la obra, observamos cómo la memoria, bien sea personal o bien histórica, se convierte en cauce excelente hacia la fabulación literaria y origina lecturas que trascienden la mera referencialidad.
En resumen, como hemos apuntado, ese espacio de referencia leonesa que muchas veces se puede rasterar en la cartografía real por la abundancia de topónimos y referencias geográficas evidentes en la novela, se va transfigurando y se asociaa significados más subjetivos, a las emociones del autor, a la memoria personal y colectiva. La novela transcurre en la ciudad de León que es inconfundible en su fisonomía de espacios y edificios emblemáticos etc. Sobre todo, en la narración, “la materia documental y vivencial se supedita al tratamieto literario que opera a través de la parodia, la distorsión o el humor que propician un distanciamiento de la perspectiva” (Espacio y memoria en los narradores ..., 96). Así pues, el espacio de referencia real, al incorporarse a una estructura ficional, adquiere significaciones más complejas. Los espacios recorridos por los personajes son físicos, pero se ven asociados también con la memoria personal y colectiva. En fin, estamos ante un espacio ficticio imaginario en el que tiene cabida lo real y lo imaginario, y en el que se conversa con el pasado histórico y no dogmático. De aquí que se produzca la conexión inquebrantable entre el espacio y la memoria hasta el extremo de que el espacio y la memoria se identifican.
IV. Conclusión
Al fin, la superposición de planos narrativos y la pluralidad de voces condicionan de modo fundamental la compleja estructura fragmentaria de la novela. En cuanto a la dimensión espacial, sobresale su función que es localizadora y referencial, de manera que concreta los acontecimientos de la historia al construir marcos de referencia que ocupan un lugar destacado en la
novela. En esta línea, partiendo de sus vivencias de la infancia y conocimientos personales, Aparicio es capaz de ficcionalizar espacios tomados de la realidad geográfica. Así, ese espacio creado a partir de la imaginación del autor, inspirado en un lugar real, termina por conformar un nuevo mundo con vida propia. En especial, en El año del francés se convoca a la memoria colectiva e histórica, se nos hace un recuento general del trasvase del espacio leonés real al imaginario. Por todo ello, podemos llegar a la conclusión de que el espacio geográfico vivencial de partida, la ciudad de León, se ve transformado e incorporado a distintas estructuras ficcionales, llegando a adquirir sentidos muy distintos que conforman la necesidad de comprender el espacio narrativo más allá de su original marco de la acción. Como ha afirmado Castro Díez: “La voluntad del escritor de convertir un territorio geográfico y vivido en espacio de la fabulación le otorga a este una autonomía y capacidad de transformación solo comprensibles desde la estructura ficcional de cada una de las novelas que es la que, en última instancia, le confiere su sentido” (Niveles de significación del espacio...., 137).
Bibliografía
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